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Esto no se cobra > Cristina García Maffiotte

Una hora más > Cristina García Maffiotte

   

Mañana, de madrugada, cambian la hora. Como todos los años. Nunca he entendido bien el motivo pero, la verdad, tampoco es algo que me preocupe demasiado. Después de tantos años la obligación de adelantar el reloj una hora el último fin de semana de octubre es una rutina que asumimos con la misma disciplina con la que aceptamos que el otoño empieza cuando lo dice El Corte Inglés; es así y punto.

Siempre hay alguna excepción. Siempre hay un periodista que se empeña en publicar reportajes explicando el ahorro o no ahorro (según les dé) que supone la medida o en escribir sobre el estrés que supone la adaptación al cambio de hora. Estos últimos son los que más me gustan porque suelen incluir interesantes consejos propuestos por especialistas del tipo: “Vaya poco a poco, en las semanas anteriores, adelantando su hora de acostarse”, o “explíquele a sus hijos por qué va a anochecer antes para que el cambio no les coja por sorpresa y no se traumaticen”. Me gustan porque tienen un triple efecto. Primero te partes de la risa; luego te da un poco de vergüenza ajena y, finalmente, cuando te das cuenta de que esos expertos vienen avalados por títulos académicos, caes en una depresión por darte cuenta, así de golpe, del daño que le ha hecho la Logse a este país. Sin embargo, lo que no he encontrado nunca es un reportaje sobre lo que se podría hacer con esa hora de más que nos regalan (bueno, nos prestan, porque en marzo te la vuelven a quitar), porque, bien aprovechados esos 60 minutos y dependiendo de quién los gestione, podrían dar mucho de sí.

Está claro que hay gente a la que parece que le cunde mucho más el tiempo que a otros. Por ejemplo, a Nacho González en una hora le da tiempo de vender el partido, comprarlo y revenderlo a un tercero por un módico precio; dos altos cargos, cinco secretarias y dos asesores. Además, a Nacho le daría tiempo en esos sesenta minutos de dictar una nota de prensa para responder a quienes le critican su chaqueterismo. Porque él tiene una respuesta para todo. ¿Qué nos vendemos? “Es por el bien de Canarias” ¿Qué no tenemos ninguna base ideológica? “Nos adaptamos a lo que necesita Canarias en cada momento” ¿Qué es incongruente pactar con unos en un sitio y con el enemigo en otro? “Canarias nos lo pide”… Lo que nunca explica, y muy poca gente sabe, es que cuando Nacho habla de “Canarias” no se refiere al Archipiélago; es como llama cariñosamente a su cartera.

Pero no a todo el mundo le cunde igual el tiempo. Un funcionario, de un ayuntamiento cualquiera encargado de tramitar una factura a un proveedor no puede adelantar mucho trabajo en una hora. Entre coger una factura de encima del montón, tomarse un cortado, hacerle un fotocopia, leerla, llamar a casa a ver si llegaron los niños del cole, encender el ordenador, hacer el pedido de la compra en Mercadona, volver a leerla para encontrar qué dato falta (siempre falta alguno y él lo sabe) y salir a tomarse el segundo cortado de la mañana se le ha pasado el día. Así que esa hora de más es mejor pedirla de asuntos propios, que seguro que así le saca más partido.
Luego hay otro tipo de personas que en esos sesenta minutos puede hacer maravillas. Antonio Alarcó, por ejemplo.

En una hora le da tiempo a salvar dos vidas, trasplantar un páncreas y dos pulmones, ir y volver de Madrid, intervenir en el Senado, dar una rueda de prensa, acudir a un pleno del Cabildo, calentarse con Ricardo, disimular el calentón, empapelar la Isla dando las gracias a Tenerife por no haberle dado la presidencia del Cabildo (otra cosa no, pero educado sí que es) y ofrecer una charla sobre el futuro de la Sanidad en la Universidad de La Laguna. Y todo eso sin quitarse la bata. Vamos, lo que se llama un hombre multitarea. Si Antonio Alarcó fuera una herramienta sería una de esas navajitas suizas con mil artilugios. La llevas siempre en el bolsillo y te gusta ver cómo reluce aunque, cuando tienes un problema de verdad, siempre acabas tirando de la Blakandeker. Pero si usted no es un médico-político-catedrático multitarea, no es el presidente de un partido unipersonal y no tiene plaza de funcionario puede emplear esa hora de más en intentar entender por qué hay que gastar 26.000 millones de euros en recapitalizar unos bancos privados que hasta ayer anunciaban y repartían beneficios a sus accionistas y cuyos directivos se acaban de llevar una pasta por cumplir objetivos. Igual una hora no es suficiente. Igual usted necesita más tiempo para entenderlo. Pero no se preocupe. Tómese todo el tiempo del mundo porque eso es, precisamente, lo único que podrá gastar a partir de ahora sin temor a endeudarse: tiempo.

Twitter@maffiotte