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“Uno de cada diez ‘sin hogar’ tiene estudios universitarios”

José María Rivero. | S. M.

RICARDO SALAZAR | SANTA CRUZ DE TENERIFE

¿Se siente usted a salvo de la pobreza? Cuando vaya por la calle y se encuentre con alguna de esas personas sin hogar que pasea su desesperación por las esquinas de nuestras calles, piense que uno de cada diez de ellos tiene estudios universitarios, que alguno fue empresario de éxito, una profesional destacada con formación superior, madre de una familia normal y propietaria de una vida feliz. Esa es la crónica del medio millar de personas (aunque el número cambia cada pocos meses) que está en uno de los focos de atención de Cáritas, una organización que se encuentra en pleno frente de batalla contra los devastadores efectos de la crisis en nuestra sociedad. José María Rivero, subdirector en Tenerife de esta ONG católica, conoce de primera mano la fotografía en blanco y negro de este tsunami económico que sólo el pasado año afectó a 11.432 familias en Canarias.

De las más de once mil familias que solicitaron la ayuda de Cáritas, básicamente en materia de alimentación o ayudas para el pago de alquileres, cuatro mil lo hicieron por primera vez este año. Según José María Rivero, “ahí podemos encontrar uno de los efectos visibles de esta crisis terrible que nos afecta”.

Con un presupuesto de cinco millones de euros, Cáritas realiza diversos tipos de actuaciones en diferentes frentes de conexión y lucha contra la pobreza. Acciones que van desde la ayuda a familias con problemas económicos puntuales al reparto de alimentos, desde la acogida en centros dedicados a personas sin hogar (donde se garantiza una cama digna, una comida suficiente y la higiene personal) hasta la ayuda destinada a madres sin recursos para sacar adelante a sus pequeños. “La pobreza no tiene un solo rostro, sino muchos y muy diferentes”, indicó Rivero en declaraciones a Radio Club Tenerife.

Cáritas Diocesana, “la Iglesia en traje de faena” –en definición de Rivero-, se ocupaba de la lucha contra la pobreza antes de la crisis económica “porque ya entonces había personas que pasaban muchas dificultades” ¿Cual es la diferencia con la situación actual? Paradójicamente, aunque en el presente las necesidades son muy superiores “ahora hay menos recursos”. Casi la mitad del dinero que obtiene Cáritas viene de la aportación de personas, donaciones, colectas de la Iglesia, el porcentaje de la declaración de la Renta que marcan los contribuyentes… Y el resto de administraciones públicas que, afectadas también por los efectos de la crisis, han disminuido sus presupuestos en todas las áreas. De 2010 a 2011, según la Red Canaria en Defensa del Sistema Público de Servicios Sociales (REDESSCAN), el Gobierno de Canarias bajó las partidas dedicadas a Bienestar Social, Vivienda y Juventud, de 368 a 310 millones. Los recortes no perdonan a los más pobres.

Las zonas donde se concentran los mayores efectos de la pobreza son Santa Cruz y el Sur de Tenerife. Las áreas del interior de la Isla y las islas menores se defienden mejor de la miseria por la fortaleza de las estructuras familiares y el tipo de desarrollo económico. Según Rivero el mayor número de peticiones de ayuda se detecta en barrios periféricos de nuestra capital o en zonas del Sur con una alta densidad de población emigrante. En el pasado año, en nuestra provincia, Cáritas recibió unas 25.000 peticiones de ayuda (un 30% más que en 2009) de las que atendió más de 21.000. Ninguna situación extrema quedó sin atender, pero la acción de Cáritas “se basa en atender no sólo al mayor número de personas posibles, sino atenderlos con calidad, dedicarles el máximo tiempo posible y ofrecer el mayor número de recursos posible al mayor número de necesitados”. Los ‘clientes’ no faltan en una sociedad donde el 31% de su población se encuentra bajo los umbrales de la pobreza, según las propias estadísticas de Cáritas, y donde unas 100.000 familias tienen graves problemas cotidianos para lograr algún tipo de ingreso económico. Para José María Rivero es importante no solo atender a los más necesitados sino “recuperar al mayor número posibles de personas para que se integren en una vida normal” y actuar en todos los niveles de la pobreza, desde la persona sin hogar que vive una existencia sin esperanza en las calles hasta la familia que sufre un momento puntual de ‘caída’ en la pobreza y necesita un empujón para salir adelante.

Las cifras no engañan. Canarias encabeza las listas de pobreza en España y es la región que más destaca en el incremento de estos indicadores. El índice de exclusión social (familias afectadas por desempleo o cualquier otro problema que les transforma en vulnerables) dobla la media del resto del Estado. Canarias encabeza también las tasas de desempleo (que se acerca a la escandalosa cifra del 30% de la población activa) con casi 300.000 personas sin trabajo, de las que sólo un 55% recibe prestaciones por desempleo.

En dieciséis hogares de cada cien, no entra ningún tipo de ingreso estable porque todos los miembros de la familia están en paro. El 22,5 de los canarios tiene una renta inferior a 750 euros y la renta anual media por hogar, persona y unidad de consumo es 3.000 euros por debajo de la media del Estado. “La foto para el año próximo es mala, sin duda -reconoce Rivero- porque lo dicen las cifras, lo dice la evolución de las cosas y lo dice la experiencia que uno toma en la actuación de cada día”.

José María Rivero, subdirector de Cáritas, conoce lo concreto que está más allá de lo abstracto. Detrás de las estadísticas, los porcentajes y los números, están las caras de las personas, los rostros de la gente que sufre. “Hoy existen muchas más personas y familias expuestas a la pobreza. Somos más vulnerables -asegura en los micrófonos de Radio Club- y a cualquiera nos puede pasar. Esa imagen que teníamos antes de que las personas sin hogar era gente que, perdón por decirlo así, estaba mal de la cabeza… eso ya es historia. A cualquiera de nosotros le puede pasar”.

La ayuda de las familias es fundamental para superar dificultades y si todo falla, las puertas de Cáritas están abiertas. Como las de las casi cien organizaciones humanitarias que trabajan ya en nuestras islas contando con el apoyo de cientos de voluntarios que se han apuntado a una guerra cruel que ni sale en la televisión, que no es ‘mediática’, que no ocurre en un país exótico y lejano sino al lado de nuestras puertas.