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desde el volcán >

Uno de los nuestros > Randolph Revoredo

   

Difícil pensar en voz alta con tanto ruido alrededor. En estas situaciones, escuchamos el interior; autísticamente. Tanto se escribe y habla de la muerte de Steve Jobs que se nos antoja cualquier tecleo y palabra arar en el mar. La procesión se lleva por dentro. Sus antecedentes de cáncer, la renuncia sorpresiva a la gerencia de Apple y una foto raquítica, casi de campo de concentración nazi, a un mes antes de su ida hacían a nuestra materia gris anticipar un pronto desenlace, “la va a palmar; este tío se va a morir pronto”. Pero olvidaba algo.

La noticia fue como si algo en el super tejido de la realidad se hubiera estremecido. Ese día hubo fuertes ráfagas, raramente con cielo despejado y precioso azul. La violencia del viento se deducía profunda porque las pocas y grandes nubes tomaron formas únicas, de diseño. Capturamos la imagen; lo vimos despedirse. Tenemos esas fotos.

Personalmente, ahora ya sabemos lo que se debe haber sentido vivir en los tiempos de la desaparición de Leonardo Da Vinci. A mi lado, mi alter-ego me consuela: “Si ya existiera el transplante de cuerpo, una persona como él no la hubiéramos perdido. La sociedad no puede darse el lujo de dejar ir a estos espíritus privilegiados.” Me parece que los analistas empresariales no llegan a comprender el alcance que tendrá este hito en el recorrido bursátil futuro de la empresa Apple. No hemos encontrado alguien que coincida explícitamente con nuestra opinión, que es esta: la empresa perderá su magia, tal como le pasó a Disney con Walt. Reinarán los burócratas y los abogados.

Sostienen que la empresa tiene una “pipeline” de nuevos productos en la cocina como para tres años. Ilusos. Por dos razones. Porque primero, tres años no son nada (¿Y después qué?); Segundo, es que creemos que no queda ni eso. Es cuestión de meses para que se evidencie la nueva realidad corporativa. El desarrollo de un producto nuevo no es lineal; nunca nada -insistimos- obedece a lo que se había previsto en el papel. Necesita correcciones, redirección, inspiración para capitalizar la emergencia de inesperados eventos, los ejecutivos responsables de proyectos necesitan acceder a agujeros de gusano para ver más allá de las limitaciones del espacio-tiempo presente. Y el medium no estará. Ya no. Por eso creemos que Apple pasará a ser un gigante corporativo con unas finanzas muy saneadas y una inmensa montaña de cash. No habrá más crecimientos exponenciales. Hay quien dice que puede ser aun más profundo. El blog Free-Exchange se pregunta si el evento representa el inicio del declive de Estados Unidos, donde parece que la emprendeduría y la innovación tiende a concentrarse unos pocos poderosos.

Tras una pausa, al abandonar nuestro autismo voluntario y asomar la cabeza al mundo exterior para tomar una bocanada de aire, en medio del ensordecedor ruido escuchamos frases inteligibles del estilo “Fue un Einstein, fue un Edison.” Defendemos la idea que Jobs no fue un Einstein porque no descubrió nada, ni un Edison porque no era un inventor de patentes per se: fue un artista. Un Miguel Ángel de nuestro tiempo que hace visible y objetivo lo que solo somos capaces de fantasear.

Hace tiempo oí de un temido viajero llamado el cazador de almas. Éste recorría la inmensidad para coleccionar el espíritu de grandes poetas, líderes, artistas y filósofos justo en el momento de su último aliento, cuando sale del cuerpo y así evitar su desintegración al reunirse con el todo. Jobs escapó, y la prueba es la nube que fotografié.

Su partida me hace sentir solo.