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Se llama Cristóbal Corrales Zumbado, es catedrático de Lengua Española de la ULL y miembro correspondiente de la Real Academia Española. Se llama Dolores Corbella Díaz y es catedrática de Filología Románica de la ULL. Ambos comparten un antecedente básico: acompañaron en tareas de investigación a la tristemente desaparecida catedrática de Lengua Española de la ULL Inmaculada Corrales Zumbado, hermana, por lo demás, del primero.

Con ella asentaron los principios de lo que hoy es una larga trayectoria científica. Tal actividad ha dado títulos sobresalientes en lo que toca a esta rama de estudios en Canarias. Cito los tres últimos: Diccionario histórico del español de Canarias, de 2001, Diccionario ejemplificado de canarismos, de 2009, y el Tesoro léxico canario-americano, de 2010.

Lo que caracteriza el quehacer de estos dos profesores es la exigencia y el rigor. Por eso han de alabarse y considerarse los resultados de sus iniciativas así como los fundamentos de esas actividades. Nos encontramos ante una labor ejemplar que no sólo señala un camino sino que revela valores aconsejables para con nuestras dedicaciones.

Por Cristóbal Corrales y Dolores Corbella estamos en disposición de aceptar hoy que nunca el léxico de las Canarias ha tenido un nivel de análisis y, por lo mismo, de consulta y de confirmación como ahora tiene. Ambos han dedicado muchos años de su vida a semejante tarea y han sabido ofrecer los resultados en extraordinarios libros.

Si por algo los pueblos debemos sentirnos satisfechos es porque haya especialistas capaces de localizar, examinar, fijar y difundir el patrimonio. Y el patrimonio léxico de Canarias es una exigencia que ellos han resuelto.

Para eso sirven las instituciones así establecidas y las personas que dan alcance a las instituciones así establecidas, cual es el caso de la ULL. Es decir, su labor es una labor impagable.

Que la Real Academia Española, entonces, haya concedido el Premio de Investigación Filológica de este año 2011 a los profesores Cristóbal Corrales y Dolores Corbella da razón a lo antes expuesto y confirma el significado de lo antes expuesto.

Con una cuestión más a considerar: el genio no es apriorístico, el trabajo tampoco; el genio se demuestra y el trabajo se juzga. De donde (ante casos como éste y otros similares) no estaría por demás tener tiempo algún día para revisar supuestas cualidades interiores que dan risa, como la gracia de los nuevos Saussures, los nuevos Cervantes o los nuevos historiadores de la literatura, que lo son en su altura siempre que sus gramáticas sean exclusivas (aunque desarmen la tradición gramatical del español desde Nebrija a Ignacio Bosque pasando por el gran Andrés Bello), las novelas dichas también y la historia supuesta alcance los registros en su singular cima. Y es que los dichos protohombres aleccionan al mundo en pos de asegurar que no siga por más tiempo equivocado.

En su sesión del pasado jueves 27 de octubre de 2011, el pleno de la Real Academia Española decidió. Y lo hizo en reconocimiento de uno de los últimos trabajos de Cristóbal Corrales y Dolores Corbella sobre el léxico canario-americano. También en reconocimiento del conjunto de su obra lexicográfica, uno de los mayores referentes (anota la Academia) de la filología española actual.

Ha escrito un periodista de aquí que es vergonzoso que el uno y la otra no formen parte de la (¿mal llamada?) Academia Canaria. Y ese no es el asunto. Entre otras cosas porque, dado lo que tal Academia es, no vale el trato.

El asunto es que existe una Academia de la Lengua Española que no sólo fija, limpia y da esplendor (cual fue el lema de sus inicios), sino que se afana en registrar lo que la lengua es y en compartirlo. Luego, es inimaginable que ahí no se unan los mejores cuando trabajan en las sucesivas ediciones de sus diccionarios, de sus gramáticas o de los soportes ortográficos.

Curioso. Lo que un sector de Coalición Canaria llama su gran obra cultural (y por la que paga considerablemente) saca a la calle una primera iniciativa: un diccionario lexicográfico.

No fue fruto del estudio de los que saben (todos), pretendió ser único (cual si no existiera el trabajo antes dicho y otros), fue un diccionario particular y a la par pretendió ser normativo.

Eso somos. No ambiciosos, responsables, exigentes y rigurosos confabulados con el saber sino ridículos agentes de la desproporción, a veces de la vileza, otras con quiebros de mal gusto y extemporaneidades.

Eso somos. Porque las obras hablan de nuestros logros y nos definen: al Gobierno de las Canarias por sus acciones y a Cristóbal Corrales y Dolores Corbella también.