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Alarcó, Melchior y los libros > José Carlos Alberto Pérez-Andreu

   

Una de las vecindades más incómodas que tenemos en nuestro patio electoral es la de Ricardo Melchior y Antonio Alarcó. Han pasado de babear el uno por el otro a no poder soportarse. Y es que la política de estos tiempos no parece ser otra cosa que el arte del sectarismo más cruel. Definirse políticamente acarrea ser baremado por tu ideología y no por tus capacidades. Esto es lo que, entre todos, estamos fomentando, y debiéramos reflexionar. Pero vayamos al lío de hoy. Cuentan que todo empezó cuando Alarcó ganó su plaza al Senado, las pasadas elecciones generales, en detrimento de Melchior, que quedó apeado de la Cámara Alta. Algunos allegados cuentan que Ricardo lleva desde entonces el corazón partío (que cantara Alejandro Sanz). Corazón que pudiera cicatrizar el próximo 20-N, pero únicamente eso, cicatrizar. La marca de la herida quedará siempre. En aquel momento, Antonio logró un imposible. Con el PSOE mandando en España y CC en Canarias, alcanzó una importantísima cosecha de votos personales que lo convirtieron en un valor incuestionable.

Claro que esto ocurría hasta las pasadas elecciones locales, cuando, contra todo pronóstico, se viró la tortilla. El PP obtenía el mayor número de sufragios en Canarias y en la cuna de ATI-CC que era el Ayuntamiento de Santa Cruz. En el Cabildo de Tenerife (con Antonio Alarcó a la cabeza), sin embargo, los diestros hacían aguas por los cuatro costados. El barco se hundió, incluso con un tan desgraciado como famoso acuerdo entre socialistas y populares, firmado antes de la noche electoral. Fue Ricardo Melchior quien demostró entonces que sí existía un valor seguro por el que apostar en CC, era él. Días después, y con el nuevo gobierno insular ya formado, Antonio Alarcó se quedó con algo más que el corazón partío.

Hoy Antonio cuenta con todo a favor para revalidar su plaza, y Ricardo afronta una dura ocasión para volver a alcanzarla. Estamos ante dos personajes que han demostrado que su valor, más allá de las siglas de su partido, son y dejan de ser ellos mismos. Y dicho esto, sí es cierto que se está intentando preparar un pleno en el Cabildo para debatir la sospechosa compra de libros de la Fundación que regía Antonio Alarcó cuando éste y Ricardo Melchior aún eran amantes, que se investigue de verdad y de cabo a rabo. Y en todas las instituciones públicas. Me temo que se quiere arrojar a Antonio Alarcó un mal endémico de no pocas administraciones que consiste, ni más ni menos, que en comprar libros, guías, revistas y otras sarrias a determinados periodistas a precios descomunales. A más de uno (de los que compran y de los que venden), y no exactamente al que todos piensan, se les quedaría la cara muy, pero que muy colorada. ¿Cuándo empieza el show?

josecarlosalberto@gmail.com | @jc_alberto