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Algunas estrategias de campaña > Manuel Iglesias

   

Que la campaña tiene importancia para un partido tiene la prueba del nueve en valorar no la misma, sino cuál sería la situación si no se hiciera. Basta imaginar al Partido Popular o al PSOE sin hacer nada durante ese tiempo, sin presencia ni ante sus militantes ni ante el público, ni apariciones en los medios de comunicación, para observar que la autopromoción sí que cuenta.

Otra cosa es considerar si lograr nuevos votantes o sólo contribuyen a consolidar los que ya se tienen, pero en cualquier caso su ausencia si que puede significar el posible desvío de sufragios hacia otros sectores y, en consecuencia, una pérdida que puede traducirse en escaños y en mayorías de gobierno.

Por eso las estrategias de las campañas son también relevantes. Establecer cuál es la meta que se quiere conseguir, considerar a qué segmentos de votantes hay que dirigir los mensajes y el contenido subliminal de los mismos para que calen en el subconsciente y este a su vez impulse la voluntad e en las papeletas.

En estas elecciones estamos viendo dos sistemas en los partidos mayoritarios (y un tercero en Coalición Canaria) y que parecen mejor desarrollados por los conservadores que por los socialistas, al menos según apuntan las encuestas que, da lo mismo que sean en El País, en el ABC, en La Vanguardia o el CIS, siguen ofreciendo las mismas tendencias, a la espera del definitivo pronunciamiento en las urnas.

El PP está transmitiendo un mensaje que al parecer intenta dar una ilusión colectiva, que se plasma en la palabra “Súmate…”, con el añadido de la aspiración de que las cosas tomen otro rumbo, con la continuación de “…al cambio”. Es una comunicación positiva. Por el contrario el PSOE quizás está haciendo mucho énfasis en reclamar que “no se vote al PP”, casi con mayor intensidad con que reclama el sufragio para sí, lo cual contiene una reclamación negativa: “no hagas esto”. Seguramente lo habrán valorado sus estrategas, pero en principio parece generar dudas sobre la simpatía de una demanda imperativa contra otros.

Por lo que se refiere a Coalición Canaria sometida a la pinza de la mayor presencia comunicacional del PSOE y PP y el protagonismo de su dualidad, se ha situado en el hueco de la canariedad, sin demasiado énfasis en las ideologías, para intentar “pescar” a un lado y a otro. Lo tiene difícil, porque tradicionalmente en las elecciones generales los partidos locales pierden votos a favor de los nacionales, pero su reivindicación, basada en el trabajo desarrollado y en ser “la voz de Canarias en Madrid” (los otros diputados también son canarios, pero “no hablan”) puede tal vez generar un acicate para mantener la fidelidad de los votantes anteriores y sostener sus escaños, que, sinceramente, parece que es a lo más que pueden aspirar en estos momentos como tercero en una fuerte confrontación a dos.