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Ambigüedad sobrevenida > Manuel Iglesias

   

Es obvio que el Partido Popular tiene un programa en estas elecciones, porque lo ha publicado, pero también es evidente que éste contiene muchas de las ambigüedades de que se acusa a la oposición, puesto que existen puntos que parecen interpretativos y están más bien en el ámbito del depende…, del depende cómo vayan las cosas.

La cuestión es si un partido como el PP tiene en momentos actuales la posibilidad de no ser ambiguo, e incluso si puede dejar de serlo en las propias circunstancias del marco ideológico en que se sitúan sus afines.

Es difícil afirmar que el PP es esto o aquello otro, si se atiene uno al espectro en que se mueven sus votantes, simpatizantes y hasta militantes. Es España no hay partido a la extrema derecha, como sucede en otros países europeos, pero gentes de ese pensamiento sí que existen, opinan -como puede verse en periódicos, radios y televisiones- y votan. En algún lado se sitúan y cabe suponer que es el PP la fuerza política en la que hoy terminan sus desvelos.

Pero el del PP también es un votante, simpatizante y militante de centro, que mantiene posiciones más abiertas y afines a las libertades individuales y los progresos sociales, como, por ejemplo, las leyes en defensa del medio ambiente, contra el tabaco en los lugares públicos, a favor del reconocimiento de los derechos de los homosexuales, etcétera, frente a sectores como el antes citado, que basta recordar que, si sus tesis se hubieran seguido en el PP, en España no existiría ni el divorcio.

Para la dirección de un partido con una gama de posiciones tan amplias e incluso no sólo contradictorias, sino enfrentadas, no es sencillo presentar un programa muy definido, sin abrir debates y tensiones internas. Es lógico que se caiga algo en esa ambigüedad de la que se le acusa, para no generar conflictos de posiciones cuando se está en un proceso electoral que puede ser histórico.

El centrismo es el grupo mayoritario y en el que al parecer se ha situado de manera más próxima Mariano Rajoy, con el convencimiento de que un líder de un partido mayoritario tiene que buscar el centro ideológico y social si quiere obtener un respaldo suficiente para gobernar, más allá de los errores de sus adversarios. Pero tampoco busca la guerra con el lado más talibán del PP, que serán menos, pero que son más ruidosos mediáticamente, y que ya la tomaron antes con él por considerarlo un traidor, cuando, por ejemplo, no acudió a la manifestación contra el matrimonio homosexual.

Pero, en estos días, si Rajoy y el PP llegan al Gobierno, los ciudadanos les van a pedir menos rifirrafes ideológicos internos y sí soluciones efectivas al desempleo, que es algo fundamentan, porque, si se consigue eso, también las cosas irán mejor en la parte de la crisis financiera, porque son paralelas. Casi todo lo demás puede quedar para “el momento procesal oportuno”. Ese que lo define muy bien la frase italiana prima mangiare e dopo filosofare.