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Amigo y geómetra

   

Orlando Cova, el poeta de San Andrés. | DA


ALFONSO GARCÍA
| Santa Cruz de Tenerife

Orlando Cova era un geómetra, en el sentido platónico. Una inteligencia que viene del mundo de los muertos y trae a la vida vagos recuerdos de una estancia, de su estancia en un mundo perfecto.

Orlando Cova era y es un amigo y geómetra que admitía la existencia de una especie de teoría que sabe más de la vida que la vida misma, que sabe del amor a las historias, de la creación de espacios interiores y exteriores y la transferencia entre ambos, fuentes de los procesos humanos y de la búsqueda de nuevos lugares, escenarios lejanos y a la vez cercanos, donde los límites, si los hay, son los límites de la vida y el mundo.

Mi amigo se sentía fascinado por su casa, donde se retiraba cuando estaba enfermo, cuando quería soñar y encontrarse consigo mismo, con su ser, aunque los límites de su casa comenzaban en San Andrés, pues servía para definir quién era y quién quería ser. Un lugar en el que había nacido y quería morir “tras la enorme hilera de casas amarillas”. Una casa de infancia, de memoria, de muñecas, de gran poder simbólico que configuró su memoria y la historia de su vida y su pueblo, rodeada de un paisaje doméstico con olor a maresía, cargado de rituales, de su familia, de recuerdos y de la vida en la calle. Una casa grande, grande como el mundo inserta en el hueco de una caracola que sueña con ser un taller de vida mientras nos habla del mundo y de lo importante que somos. Una casa que es hogar, creada y recreada a manos llenas con palabras sabias y recuerdos infinitos que preguntan ¿cómo queremos vivir? En una arquitectura interminable del ser y sus sentidos que rememoran confianza y una creencia optimista de que es posible un nuevo modo de vida.

Orlando llevaba los significados de su mundo al dominio público y los negociaba en él. Vivía públicamente mediante significados públicos, mediante procedimientos de interpretación y negociación compartidos. Una interpretación en ocasiones densa que llegaba a ser de todos, pues de lo contrario haría caer a la cultura según su convicción en la desorganización y a sus miembros con ella. Lo cual en más de una ocasión hizo aparecer en él dolor, ese dolor que reside en nosotros y que destruye nuestra conexión con el mundo personal y cultural, que borra el contexto significativo que da sentido a nuestras esperanzas y anhelos. ¡Que poderosos son los vínculos que nos unen a los significados que dan sentido a la vida y que hacen que el dolor no siempre gane, amigo Cova!

Por ello, amigo Cova, quiero hablarte y recordarte con tu lenguaje, con el rumor del mar y de las palabras que transitan por tu ser, por un instante permíteme que tome tu instrumento, la poesía, y escriba para ti estos modestos versos.