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DESDE EL VOLCÁN >

Así lo veo yo > Randolph Revoredo

   

El nuevo gobierno que sale de las elecciones españolas enfrenta retos hercúleos. De fallar, hay quien cree que será la gota que derrama el vaso de Europa, en unas circunstancias en las que nos da la impresión de que el sistema global se aproxima a un punto límite.

El mundo. Nuestra opinión es que se transita la cuerda floja. La situación macro de la zona euro, de Estados Unidos y Asia de una forma u otra tiene el mismo trasfondo. Hay tremores volcánicos. El endeudamiento sistémico llega a un punto de saturación: un problema de deuda no se puede resolver con más deuda porque no da ni de lejos los mismos resultados que antaño. Antes funcionaba, ya no. Como dice Wolfgang Schäuble, ministro de Finanzas alemán, refiriéndose en ese caso a la crisis de deuda de la zona euro, “no puedes combatir fuego con más fuego”. No a estas alturas del partido, porque la deuda combinada (pública y privada) supera el 200% de lo que produce un país un año, en prácticamente todas las economías avanzadas.

Desde la desaparición de la convertibilidad al oro para el dólar americano, el famoso Shock Nixon del año 1971, la economía mundial entró en una era de expansión desbocada totalmente basada en el crédito. Financiada por la imprenta de los bancos centrales. Como consecuencia, un dólar de ahora vale dieciocho céntimos de los de entonces y los precios han aumentado un 450%. Esta época, creemos, toca a su fin y las convulsiones de estos años se nos antojan estertores del moribundo.

La zona euro es un eco de la sufrida por Estados Unidos en 2008. Aún entonces la solución a la crisis crediticia fue eso: una solución puntual. La administración pensó: “Nos endeudamos a tope para salvar la situación, ya veremos luego”. Se estabilizó al paciente, pero no cambió su estado. Se acudió a la solución de costumbre: imprimir más dinero para cubrir a los grandes bancos (que dicho sea de paso predicaron con el ejemplo endeudándose a tope para crecer en los tiempos de locura alcista) rematando así un historial nacional sin parangón de déficit público crónico y endeudamiento progresivo. Ahora, los acreedores pesan como una roca y lastra toda esperanza de creación de empleo. Gobierno, empresas y consumidores sobrecargados. La situación del euro palidece comparada con la encrucijada sistémica en la que está inmersa el US dollar.

Como desenlace a lo presente, nos imaginamos dos escenarios planetarios. Uno en el que al paciente se le proporciona calmantes, imprimir billetes, más de lo mismo, al alcohólico se le proporciona pequeñas dosis de alcohol para que no haga destrozos, un escenario así resultará en una economía con crecimientos anémicos, con frecuentes y breves recesiones, sin creación de empleo y descontento creciente, susceptible a shocks externos e internos de toda clase y, por supuesto, a un desenlace totalmente apocalíptico (como la guerra o el fin del dólar como divisa de reserva mundial, con consecuencias catastróficas para Estados Unidos y el mundo).

Puede durar décadas o explotar en unos pocos años. Ese mundo se inaugura con una devaluación en sincronía entre todas las divisas internacionales que sobrevivan la reciente crisis (porque aunque no se vea por la distancia, el yen está en peor forma que el euro). La devaluación del dólar hace que la divisa china le siga el paso replicándole, ídem la libra, lo que hace que el impacto vaya hacia un yen y un euro presionados alza. Si la Unión Europea opta (Alemania da su brazo a torcer) y permite la devaluación -dando licencia al BCE para imprimir billetes sin respaldo- Japón se verá sumida en una radicalización de crisis monetaria (que ya sufre, por la manipulación de la divisa china) lo que le obligará a sumarse al coro de devaluación global, haciendo estallar las costuras de una economía estancada que dedica la mitad de su recaudación para pagar los intereses de su deuda pública. Dado que se sembraron vientos, las bolsas cosecharán verdaderas tempestades de volatilidad, complicando la financiación de la economía real. En la zona euro el contagio se extenderá a los países centrales (Francia, el primero) y el crecimiento será negativo o vegetativo de forma sostenida.

Otro escenario es la terapia de choque, que supondrá contracción económica, la entrada en la depresión y convulsión social a corto plazo. Una mezcla de ascetismo alemán y fin de la alquimia. Donde una reforma profunda del sistema financiero tan radical como para ver un nuevo Bretton Woods y provocar el fin del dinero barato y del consumo desaforado; donde se pase al ahorro como valor primario. Quizá no llegará a buen puerto, desembocando en conflicto bélico de gran escala (¡Ay! La guerra, esa compañera inseparable de la especie desde el primer cráneo roto).

Tememos que esta opción, aún siendo la menos desperanzadora, sea el camino menos probable. Entre otras cosas por el tremendo coste político que supondría tomar las medidas necesarias para llevar a cabo tal proceso.

Es éste el contexto en el que el nuevo gobierno de España debe afrontar su trabajo. Le deseamos lo mejor.

Más detalles y fuentes de información en sobre-el-volcan.blogspot.com