X
a babor >

Benito > Francisco Pomares

   

Ya saben que Benito Cabrera ha decidido prohibir al Gobierno usar su villancico Una sobre el mismo mar, esa pieza extraordinaria que lleva más de una década recordándonos a todos los canarios que otra región distinta y mejor es posible. Siempre he creído que esa concreta canción ha hecho más por la superación del pleito en las Islas que todas las declaraciones del Día de Canarias, campañas de publicidad institucional e inversiones equilibradas. Nunca me han seducido las banderías ni los discursos identitarios, pero escuchar este villancico me produce un efecto casi catárquico: hace que me sienta parte de una comunidad, de una forma mágica e inexplicable. Creo que el villancico de Benito es impagable. Es una de esas raras proezas de la creación que aparecen en el momento justo, son aceptadas por todos y cumplen un rol mucho más allá de la función para la que fueron creadas. La decisión de Benito de prohibir al Gobierno el uso de su criatura es su personal forma de protestar por la descomunal rebaja de los presupuestos de Cultura -un 65 por ciento-, y de solidarizarse con un montón de artistas y creadores que lo van a pasar muy mal con esos recortes. Se trata, sin duda, de una decisión valiente y polémica: no todo el mundo rechaza esas medidas. Gentes que se llevarían las manos a la cabeza si se redujera alguna de las tres subvenciones que recibe el plátano -producción, comercialización y transporte- ven razonable que se deje sin un duro a un sector -la cultura- que crea más empleo y aporta más al PIB canario que toda la agricultura junta. Es verdad que ha habido mucha discrecionalidad y clientelismo en el reparto de los fondos para cultura, pero este recorte salvaje no es una reacción a eso, quizá una consecuencia.

La decisión de Benito ya ha despertado voces airadas (sobre todo en el entorno del aparato de comunicación del Gobierno) que cuestionan su intención y lo acusan de ser un tipo desagradecido, otro pesebrista cabreado porque le rebajan la ración. Es un infundio bastardo y miserable: Benito Cabrera -como muchos otros creadores de esta región- ha vivido exclusivamente de su talento y de su trabajo. Nadie le ha regalado jamás nada. Por supuesto que ha hecho encargos y dado conciertos para las administraciones canarias, faltaría más. Y es precisamente esa buena relación suya con quienes mandan en Canarias desde hace una generación, la que da mucho más valor a su decisión. Porque no se lo van a perdonar.