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Cambio climático > Jorge Bethencourt

   

En contra de lo que piensan, esta campaña electoral ha tenido sus cosas buenas. Por ejemplo, no hemos hablado del maldito calentamiento global que hasta hace unos meses era una especie de mantra político para el exquisito elenco de cantamañanas que anida en la partitocracia nacional. Parece que la calentología, aunque las fulas se estén guisando al natural en La Restinga, ha pasado a un segundo plano ante la glaciación económica y el paro que es lo que produce una calentura global.
Cuando se levante el telón, a la mañana siguiente de estas elecciones generales, habrán pasado muchas cosas. Los problemas seguirán ahí, intactos, porque el cambio no es un bálsamo de Fierabrás, una pócima milagrosa que lo arregle todo por sí solo. En Canarias llevamos décadas confiando en que nuestros problemas se resuelven con cargo a la importación. Nos hemos hecho expertos en vender urbi et orbi nuestras minusvalías territoriales y nuestra lejanía. Y es cosa sabida que cuando el agua sube los primeros que se ahogan son los más bajitos. Desde que Mariano Rajoy herede el sillón de fakir de la Moncloa, vamos a entrar en un periodo de ajuste sin precedentes. No solo no podremos gastar lo que no tenemos, sino que vamos a tener que pagar lo que nos gastamos y no teníamos (más de cien millones de euros diarios sólo en intereses del dinero que han prestado a las administraciones del Bienestar del Estado). Es inevitable. Y eso implica que la sonda a la que estamos enchufados desde hace un par de décadas va a dejar de inyectarnos fondos y que nos vamos a quedar colgados de la brocha del turismo. Si esto es así -y tiene toda la pinta de serlo, créanme- es seguro que la temperatura de Canarias subirá tantos grados como la del Mar de las Calmas. Que las previsiones de ingresos de las administraciones de las islas, que nadie quiere reducir, caigan estrepitosamente. Que los conflictos laborales en el empleo público, que se resiste a sufrir los mismos quebrantos que ha sufrido el sector privado, deriven en más protestas. Que aumente el desempleo y el enfriamiento económico. ¿Les parece pesimista? Pues es lo que hay. Y no sólo eso. El nacionalismo canario, que hasta ahora ha jugado a la estabilidad y la colaboración con Madrid (en la doctrina judía de paz por territorio, convertida al macaronésico lema de paz por subvenciones) sólo tendrá la salida de deslizarse hacia un cambio climático político de posiciones más extremas. Hay otro volcán que está rugiendo y aún no ha hecho erupción.

@JLBethencourt