X
a babor >

Campaña destructiva > Francisco Pomares

   

Esta campaña de la crisis me trae un tanto a cuadros: a la falta tradicional de verdaderas ideas y proyectos, se suma esta vez una reducción sustancial de carteles, pancartas, folletería y utillería propagandística, reducción que probablemente desluciría la campaña si está ya no estuviera lastrada por la desilusión general. De esa falta de ilusión sólo parecen escapar los candidatos del PP, instalados en la sonrisa profidén. Uno se pregunta de qué diablos se ríen, con la que les va a caer encima cuando les toque hacerse cargo del negocio…

Pero lo más llamativo de esta campaña es la agresividad con la que se está desarrollando: una agresividad que se contagia a las declaraciones públicas, y que resulta completamente superflua, más cuando la suerte parece ya echada antes incluso de haber echado los votos. Así, vemos que de las pocas vallas que hay, el PP usa la mitad de las suyas no para colocar a sus propios candidatos o mensajes, sino para poner en ellas a Zapatero y Ana Oramas (uno que no se presenta en esta campaña, y otra que es de la competencia) prodigándose arrumacos. La Junta Electoral les ha afeado la operación, y entonces, en vez de retirar esa valla oportunista y con vocación faltona, van y la firman, añadiendo al póster el logotipo pepero. Sontenella y no enmendalla, se llama la figura.

¿Y las cuñas? El PP ha sacado unas cuñas radiofónicas chiripitifláuticas, en las que quien se dirige a los electores es Román Rodríguez. ¿Se han vuelto locos? No, lo que hacen es entresacar unas antiguas declaraciones de Rodríguez ciscándose en Coalición Canaria, unas declaraciones de antes del amorío forzado de ahora. Produce una sensación muy chocante escuchar a Rodríguez acusar a sus actuales socios de ser responsables de todos los males y desventuras de la patria. En fin. Supongo que Coalición podría sacar otras cuñas en las que Soria hablara bien del que fue su socio y presidente hasta hace un año, Paulino Rivero, aunque quizá les costaría más encontrarla.

La cosa es que la comunicación política ha renunciado hace ya tiempo a la oferta de ideas y soluciones, y se limita a la descalificación del contrario. Ahora imaginen que los fabricantes de automóviles no hablaran en su propaganda de la bondad de sus coches, sino se dedicaran a poner a parir los coches ajenos, insistiendo en los problemas de seguridad, lo feos que son, el exceso de consumo, lo mucho que contaminan… Digo yo que esa estrategia de comunicación acabaría con la confianza de los potenciales compradores. Al final, todos saldrían perdiendo.

Pues eso.