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Catarsis (versión JFLA) > Francisco Pomares

   

La oferta de Juan Fernando López Aguilar para hacerse cargo de los restos del naufragio socialista me cogió en medio del más absoluto despiste, o sea, donde uno suele pastar. Tanto que cuando me lo contaron pensé que era cosa de broma. ¿Se ofrece para liderar el PSOE un tipo que ni siquiera es diputado en Cortes? ¿Y cómo se enfrentaría a Rajoy, por teléfono desde Bruselas? Me acorde inmediatamente del penoso episodio de la presidencia de Antonio Hernández Mancha, aquel senador pijillo que sustituyó a Manuel Fraga, y que cuando iba al Congreso de los Diputados a ver a Felipe González tenía que colocarse en la tribuna de invitados y mirar desde lejos. Duró un par de telediarios y de él nunca más se supo. En fin, que no veo yo al PSOE optando por un recambio tan difuso, por mucho que al señor López Aguilar lo adornen virtudes tan mediáticas como la de tocar muy bien la guitarra, cualidad que viene muy bien hasta para animar un funeral. Que de eso parece que va la cosa.

De la propuesta de López Aguilar lo que realmente me sorprende es que el proponente no se lo haya pensado bien antes de autoproponerse. Su propia -y breve- experiencia como secretario general por SMS debió servirle para entender lo difícil que es dirigir un partido -incluso uno pequeñito como el PSC- desde la distancia. Pretender hacerse con el control y liderazgo de un tinglado tan enorme (aunque hoy menguado) como es el PSOE, supone tener una percepción bastante exagerada sobre las propias capacidades y méritos. Luego he recordado que en los últimos años, desde que Rivero y Soria (cuando se llevaban bien) le arrebataron en conchabe su victoria en Canarias, López Aguilar se ha propuesto para ocupar todas las vacantes que iban apareciendo. Le salió bien las primeras veces, al rebufo de su cabalgada canaria, y ascendió sin dificultades al Congreso y luego al Parlamento Europeo, pero desde entonces no se ha comido ni una rosca en lo que a cargos se refiere. Se ofertó para ministro de lo que fuera en el penúltimo ajuste por rebajas del Gobierno Zapatero y fue que nones, y luego se volvió a postular para presidente de los socialistas europeos, y para vicepresidente cameral, y yo creo que sus colegas le dijeron con bastante rotundidad que, con arroz pasado, es difícil que salga una buena paella.

Supongo por eso que el anuncio del ex secretario general de los socialistas canarios -y el estrepitoso silencio que le ha seguido- debe ser entendido más como una curiosidad psicológica, una constante de la personalidad insatisfecha de este hombre, que como una verdadera contribución a la catarsis socialista.