X
EL HIERRO> CRISIS SÍSIMICA Y VOLCÁNICA

Con el ojo puesto en el Roque de Las Campanas

   

TINERFE FUMERO (ENVIADO ESPECIAL) | Valverde

Imagen del espectacular derrumbe en El Tamaduste. / FRAN PALLERO

Pesa unas cincuenta toneladas (como un tranvía) y cayó con estrépito sobre la Cueva de los barcos, allá por septiembre del año pasado, justo el mes en el que El Tamaduste exprime el final de una temporada turística de apreciable entidad gracias al tirón que tiene, sobre todo, entre los visitantes de otras Islas.

La roca, que cayó junto a otras de respetable tamaño, destrozó parte de la zona de baño de esta encantadora localidad situada junto al aeropuerto, y que destaca por su Río, como llaman los herreños a una entrada natural de agua que, junto a la tranquilidad y belleza del paisaje, es el gran atractivo del lugar.

Tras un año de pasividad administrativa, motivada por la negativa de la Dirección General de Costas a aportar fondos a pesar de tratarse de un espacio marítimo terrestre sobre el que tiene competencias, el Ayuntamiento de Valverde ha logrado el respaldo del Cabildo y del Gobierno autonómico para iniciar los trabajos de restauración. A ello sin duda ha ayudado la creciente actividad sísmica en la Isla.

Y es que, por encima de la Cueva de los barcos y desde una privilegiada atalaya sobre el paraje, descansa el Roque de Las Campanas, un descomunal e imponente risco. “El Roque no se va a caer de un día para otro, desde luego” detalla el biólogo tamadustero Matías Fonte, “pero ahí está el derrumbe del año pasado y no hay que esperar a que la desgracia sea inminente para hacer unos estudios técnicos del lugar”, razona.

De similar opinión es Catalina Padrón, vecina de esta localidad cuya población se reduce cuando termina el verano a pesar de que turistas alemanes bien informados eligen Tamaduste para olvidar los rigores de su clima invernal. “No hay peligro en El Tamaduste” apunta Padrón, “pero tampoco es normal que haya pasado más de un año sin que nadie se preocupara siquiera de retirar el derrumbe. Por eso nos hemos llevado una alegría cuando se han iniciado los trabajos”.

Fondos y estudio

Y es que a fuerza ahorcan. Las administraciones han reaccionado al fin y han logrado reunir los fondos necesarios. Además, el gran despliegue de medios motivado por el proceso eruptivo en marcha y su actividad sísmica aparejada ha facilitado las cosas.

A este respecto cabe reseñar que esta zona de la Isla era de las que no habían sentido los temblores… hasta que llegó el del pasado viernes, que batió todos los registros en cuanto a percepción del mismo. “Se sintió y mucho” confirma Padrón, que se encontraba en casa a las 20:36 horas de aquella jornada.

Desde hace cuatro días se comenzó a limpiar la zona del derrumbe. El propio alcalde de Valverde, Agustín Padrón, confirma que ya se han encargado los trabajos a los mismos especialistas que, comandados por el montañero tinerfeño Antonio Villar, preparan la colocación de una malla sobre la ladera de salida a El Golfo en el túnel de Los Roquillos.

Incluso, el edil confirmó ayer a este periódico que el estudio geológico de toda esta zona ya se encuentra en fase de preparación.

[apunte]

Los desprendimientos, de toda la vida

Para los herreños, un derrumbe es algo consustancial a su isla. Así lo explicaban los vecinos de El Golfo que identificaron sin problemas que el ruido que oyeron tras el seísmo del pasado viernes era debido -ellos lo saben mejor que nadie-, piedras que caían de la ladera, ya fuera junto al túnel de Los Roquillos ya desde la cumbre entre Sabinosa y Los Llanillos. Por eso se entiende mejor que, tras aquel terremoto, el comité directivo del Pevolca optara por realizar una serie de cortes selectivos en determinadas carreteras de la Isla donde es constante el riesgo por derrumbes. No es casualidad que tales medidas preventivas se diseminen por toda la geografía insular: desde Sabinosa a El Mocanal, desde Orchilla a Las Puntas… Especial mención merece el cierre de una localidad, el Pozo de Las Calcosas, que generalmente sólo es habitada en verano y que se caracteriza por encontrarse en una suerte de terraza junto al mar a la que sólo se accede desde tierra bajando por un sendero abierto en un acantilado. En la memoria histórica de los vecinos de esta Isla, apacible y serena como ninguna, figura aún con nitidez el recuerdo del terrible accidente acaecido en los primeros años setenta del siglo pasado, cuando una gigantesca roca cayó sobre una vivienda del Pozo de Las Calcosas con tan mala fortuna que mató a un matrimonio que descansaba en la misma. Hoy se trabaja duro para que este caso, aislado y de hace cuarenta años, no se repita.

[/apunte]