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ELECCIONES 20-N > LA VOZ DE LA CALLE

Con el puño en alto a los 95

   

María Alonso, durante la entrevista, en su casa de Santa Cruz de Tenerife. / JAVIER GANIVET

DOMINGO NEGRÍN MORENO | Santa Cruz de Tenerife

Cumplidos los 95, María Alonso es una mujer de carácter con una lúcida memoria histórica. Natural de Collado Villalba (Madrid), lleva 46 años en Tenerife. “Cuando llegué, ni siquiera estaba hecha la escalera de la primera planta de la Residencia [hospital de La Candelaria]”, recuerda.

Acérrima comunista, a los catorce años se lanzó a dar mítines y aún hoy asiste a manifestaciones y actos políticos. No se pierde un Primero de Mayo y cada año acude a la fiesta del PCE en Madrid, salvo imperativos de fuerza mayor.

Su dilatada experiencia en la esfera del comunismo y del movimiento obrero está estampada en fotografías repartidas en marcos y cajones de casas diferentes. “Carrillo vive muy cerca de mi sobrina Pepita. Cuando estuvo tan malo lo pinchaba ella, que era enfermera; ahora ya está jubilada”.

En estas elecciones, tiene claro a quién va a votar: “A los comunistas, aunque seamos cuatro. Para mí, el PSOE y el PP son iguales. ¿No viste el otro día el debate? [Alfredo Pérez Rubalcaba y Mariano Rajoy] Se dieron la mano y todo”.

Nunca tuvo un trabajo fijo en una empresa. “Estaba en casa y en la política. Desde muy pequeña ya andaba metida en el Partido Comunista. Ayudaba como podía al mantenimiento del hogar. Con lo que ganaba mi marido no nos alcanzaba”.

En los albores de la república, María se subía a una camioneta para hacer propaganda por la sierra. Fue “muy perseguida” por la Guardia Civil.

Cuando estalló la guerra, “bien niña”, lo primero que hizo fue “montar un hospital de sangre en un bar”. Luego, “cuando empezaron los bombardeos, que fueron horrorosos por toda la sierra”, organizó un taller. “Juntamos todas las máquinas que pudimos y allí hacíamos pasamontañas, chaquetones”.

En unos caballos cargaba ropa y mantas a Guadarrama. “En el pueblo lo sabían, por eso me detuvieron, naturalmente”.

Al año de terminar la contienda, la apresaron en Madrid. Fusilaron a tres hermanos. El mayor, Alejandro Alonso, era el alcalde de Villalba. “Tenía 33 años. Era contratista de obras. Desde jovencito empezó a trabajar con mi padre”. Ella se libró. “Me agarraron los falangistas y en Villalba me dieron leña. Estuve dos días en un calabozo”. No se le olvida que los colchones estaban “ensangrentados”.

Después la trasladaron a la sede del Comité Central del PCE, incautado. “Me zurraron. Al recuperar el conocimiento, me encontré sola. Había una silla, me senté y vi el reflejo de un tricornio en el cristal de la ventana, que estaba abierta”.

La juzgaron en El Escorial. “Me dijeron que sería ejecutada en 48 horas, y aquí estoy”. A los dos días la desplazaron a Ventas, donde penó dos años. Tras recibir la libertad, la mandaron a presentarse todas las semanas. Todavía la están “esperando”.

En Madrid se encerró durante seis meses. “En la posguerra, decían [imita el tono de voz de Franco]: ‘Todo español que no tenga las manos manchadas en sangre no tiene por qué huir, porque todos somos españoles’. Y no podías salir ni a por el pan”.

Doña María no pierde la esperanza: “Con lo que he pasado, esto me parece pan comido”.