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Consecuencias electorales > Leopoldo Fernández

   

Con las frías cifras ya disponibles, más que del holgado, y legítimo, e histórico, triunfo electoral del PP, fundado en 10,8 millones de votos -unos 600.000 más tan sólo que los que logró en 2008-, habría que hablar de la rotunda, preocupante y no menos histórica derrota del PSOE. La pérdida de 4,2 millones de votos, equivalentes a 59 escaños, y el acceso a la Cámara Alta de sólo 48 senadores, frente a 136 de los populares, dejan al socialismo español al borde de la refundación. Y hablan del inmenso error de elegir candidato, y además sin primarias, a un Rubalcaba sin imagen, que protagonizó una pésima campaña y que era percibido como una especie de más de lo mismo de la política zapateril. En estas condiciones es lógica la convocatoria del congreso federal, pero no parece que el ya insignificante secretario general sea la persona más idónea para pilotar el tránsito. Como tampoco resultaría razonable que el candidato tan estrepitosamente derrotado pueda optar a la sucesión de Zapatero. Otro tanto puede decirse de los aspirantes Carme Chacón y Patxi López, tras el duro varapalo que les han dado las urnas en sus feudos respectivos. Es difícil aventurar los derroteros de un socialismo que, de perder, como parece probable, las elecciones andaluzas se quedaría en 2012 sin rascar bola nacional y territorialmente ante el inmenso poder político que ya acumula el PP. A España no le conviene, menos aún en las actuales circunstancias, y tampoco al PSOE, que el primer gran partido de la oposición salga de las elecciones debilitado y dividido; por el contrario, el país necesita su fortaleza y su unidad asentadas en la tradicional base socialdemócrata y el debate interno que Zapatero eliminó para dar paso a un radicalismo y a unas políticas nefastas, como inteligentemente ha advertido el electorado. En traducción canaria -donde las cifras de abstenciones y votos nulos y en blanco ponen los pelos de punta-, el PSC, desmoralizado y falto de liderazgo, sigue perdiendo respaldo, ahora de 165.000 ciudadanos, sin que sus dirigentes se inmuten, cuando tienen gran responsabilidad en la debacle. Coalición Canaria ha pagado un alto precio, al menos en Tenerife, por su alianza con los socialistas, además de sus propios errores y ombliguismo, mientras el PP, lanzado por un Soria oportunista y buen estratega, ha llevado a su partido a cotas impensables que lo acercan a un respaldo de casi el 45% del electorado. Los nacionalistas serán irrelevantes en el Congreso y el Senado y tendrán que replantearse, en frío y con calma, otros modos de hacer política sin por ello caer en el error de una refundación o en la tentación del radicalismo.