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De gallinas y zorros > Francisco Pomares

   

Refiriéndose al caso Icfem, en el que están imputados él y otros tres antiguos altos cargos de la Consejería de Empleo, el que fuera director general del Instituto entre 1996 y 1998, el herreño Aurelio Ayala, ha explicado una curiosa teoría sobre el funcionamiento de la Justicia en esta región (y a lo peor en otras). Ayala ha dicho que en el caso Icfem “fueron a por las gallinas y dejaron fuera a los zorros”. Conociendo al excomunista Ayala, que se califique a sí mismo de gallina me sorprende bastante. Lo tengo yo más por gallo quíquere que por otra cosa. Pero puestos a interpretar su sentencia, me gustaría saber quiénes son -según su opinión de ex alto cargo del Icfem- esos zorros que salieron de rositas y a los que Ayala no identifica, sabiendo él lo mucho que sabe. A ver si al final va a ser cierto que es algo gallina…

¿Quiénes son los zorros que se libraron? No desde luego los que Ayala presenta como aves de corral y matadero: el exconsejero Víctor Díaz, y tres de los directores del Icfem: Francisco Almeida, Diego León y él mismo, pillados de paganinis en un proceso en el que probablemente sea cierto que no están ni por asomo todos los que debían. Porque al margen de su estrambótica deriva judicial, el caso Icfem es un caso puro y duro de malversación de caudales públicos, algo tan a la orden del día que basta con mirar bajo cualquier alfombra pública para encontrar polvo malversador. Lo que ocurre es que este concreto proceso ha acabado por convertirse en la excusa para despachar sin sangre de zorro (plateado, por ejemplo) y con un larguísimo pase de banda por los juzgados, el sistema de financiación de organizaciones sindicales y empresariales que funcionó a plena luz del día en esta región, desde que se transfirió el viejo Inem a la Autonomía, hasta antesdeayer mismo o casi. En ese unte indecente, con el que se amasaron algunas pequeñas fortunas en el ramo de la academia fantasma y el asesoramiento formativo, estuvieron pringados-probablemente con el desparpajado despiste de aquellos tiempos de feraz abundancia- sindicatos, patronales, academias y administración, tapándose las vergüenzas unos a otros, y haciendo caja con recursos que debían haber servido para formar parados.

Es probable, y no quiero meterme en interioridades de fiscal, que el pato de esa admitida desvergüenza lo vayan a pagar al final quienes menos hicieron por sostener el tinglado. Pero ya saben que la Justicia es ciega. Tanto que menudo tiende la pobre a darse de bruces con la verdad.