X
Esto no se cobra> por Cristina García Maffiotte

Debate electoral > Cristina García Maffiotte

   

El lunes hay debate electoral. Esta vez, a un lado de la mesa, Mariano Rajoy. Al otro, Alfredo Pérez Rubalcaba. Es un momento esperado. Frente a frente dos candidatos, dos ideas de gobierno, dos futuros diferentes para el país. Pero no se hagan ilusiones. El martes seguirá usted con las mismas dudas y la misma certeza.

Dudas porque no encontrará en ese debate una respuesta a sus problemas. De ese debate no va a sacar ninguna conclusión esperanzadora; ninguna clave que le permita saber cuándo va a encontrar trabajo (a menos que sea usted candidato de uno u otro partido, en ese caso, mi enhorabuena), cómo pagar la hipoteca y dónde encontrar el dinero que le permita pagar el colegio de sus hijos los próximos seis meses. Y la certeza de que, una vez más, el mejor del debate fue, como ya suponía usted cuando encendió el televisor, Manuel Campo Vidal.

Los temas llegarán a la mesa de debate tan pactados, tan masticados y tan consensuados por los respectivos equipos de campaña que, también como siempre, no veremos un debate; veremos dos partidos de frontenis en simultáneo y con un poco de suerte, podremos atisbar algún cruce aislado de pelotas. Los dos correctos y educados. Los dos sumamente simpáticos; muy preocupados por proyectar lo mejor de sí mismos y más concentrados en no fastidiarla que en convencer. Porque a estos debates no se acude para ganar; el objetivo es no perderlos.

Quizás caiga alguna idea, alguna iniciativa, alguna propuesta novedosa que se presenta difuminada y enmarcada en un mar de cifras, pero no encontrará en el debate, ni por uno u otro lado, una hoja de ruta clara y precisa para los próximos cuatro años. Básicamente porque no existe.

Este Titanic ya tiene abierta una brecha en la línea de flotación y el que llegue al puente de mando sabe que lo único que puede hacer es poner orden en el desalojo, minimizar el número de muertos y, como mucho, pedirle a la orquesta que cambie el repertorio antes de que el agua les llegue a la barriga. Lo único que diferencia a uno u otro candidato es cómo organizará la fila para acceder a los botes salvavidas; entre quiénes se repartirán los flotadores, a quiénes pone delante y a quiénes pone detrás.

Quizás, el candidato Alfredo o Pérez o Rubalcaba se muestre un poco más atrevido. Hoy por hoy se tiene que agarrar a cualquier clavo ardiendo que le permita rascar algunas décimas en las encuestas; transmitir algo que no huela a demoledora derrota, algo que ilusione no ya a los indecisos; a sus propios militantes.

Rajoy ni quiere ni le apetece salirse de su guión de campaña. Sabe que lo peor que le puede ocurrir es pasarse de frenada. Porque en este país los abusadores caen mal y él va al debate demasiado sobrado en las encuestas. Jugará a la condescendencia y evitará las provocaciones; aunque le menten a la niña del último debate. Correcto y educado. Avalado por un programa electoral que no dice nada pero que da miedo porque puede decir de todo.

Escuchará usted, por tanto, tantas buenas y bonitas palabras como las que puede encontrar en los catálogos de los grandes almacenes que por estas fechas prenavideñas inundan su buzón. Confianza, seguridad, fiabilidad, trabajo, esfuerzo, compromiso…bien repartidas en un eslogan pueden servir para vender un coche, el último aparatejo electrónico, las ofertas de su operador de móvil o un programa electoral.

La diferencia es que usted sabe que todo lo que pone le promete el catálogo de Ikea es posible hacerlo realidad con una llave allen, un poco de maña y unos mínimos conocimientos de sueco. Y encima se lo llevan a casa. Lo que pone en el programa electoral, no.

El lunes hay debate electoral. Este año será diferente. Se enfrenta un candidato a la presidencia del Gobierno y un candidato a ser, si no dimite la noche electoral, candidato a ser jefe de la oposición. Usted ya sabe quién va a ocupar cada puesto. Lo sabe usted, lo saben ellos y también lo sabe Manuel Campo Vidal quien debe andar preguntándose si no era mejor sentar a debatir a los que de verdad nos pueden decir qué futuro le espera a este país; Angela Merkel y Nicolás Sarkozy.