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Día de reflexión > Leopoldo Fernández

   

Los ciudadanos con derecho a voto estamos llamados hoy a reflexionar ante la jornada electoral del domingo. Probablemente se trata de una apelación un tanto tópica y extemporánea, ya que, según las encuestas, la inmensa mayoría tiene decidido el sentido de su voto desde hace semanas; pero los indecisos, los defraudados, los descreídos, los indignados, todos los que de una u otra forma prefieren dejar de lado sus propias responsabilidades, sí deberían meditar acerca de lo que puede suponer acogerse a una actitud de pasotismo y falta de compromiso solidario. En una democracia acudir a las urnas es un paso obligado y grave porque en él se basa la esencia misma del sistema: si no votamos, no decidimos. Con nuestra participación, que es un derecho pero a la vez un deber, contribuimos a consolidar las libertades y expresamos nuestra preferencia por la formación política que creemos más idónea para dirigir los intereses de España durante los próximos cuatro años. La coyuntura no puede ser más adversa, dados los enormes problemas que afectan al país, en especial los económicos, aunque no son menores los sociales o los políticos, por las imperfecciones y fallos de nuestra dirigencia. Precisamente para mejorar el sistema resulta más necesario que nunca el ejercicio del voto: en el sentido que se prefiera, con arreglo a las convicciones de cada cual. Las posturas abstencionistas o inhibicionistas son legítimas en democracia, pero al final distorsionan los resultados electorales y en cierta medida inhabilitan a quienes practican ese proceder para pedir cuentas a los gobernantes o reclamarles eventuales responsabilidades. La campaña electoral ha concluido con un exceso de retórica y agresividad, sin debates rigurosos ni propuestas de calado ante la excepcionalidad de la situación general, en Canarias y en el conjunto de España. Tiempos tan complejos reclaman reflexión, ideas, tolerancia y espíritu de consenso, no insultos, metralla verbal, descalificaciones ni duelos políticos -llevados incluso a las redes sociales, el gran invento de los nuevos tiempos- que a la postre dejan de lado las verdaderas preocupaciones de los ciudadanos y la discusión de las bases sobre las que ha de asentarse el futuro. Un millón y medio largo de canarios están llamados a las urnas para elegir entre 25 candidaturas al Congreso y 56 para el Senado. Mi deseo es que quienes voten, y ojalá sean la inmensa mayoría, lo hagan en conciencia y con inteligencia, conjugando la realidad con la ilusión y pensando que con el esfuerzo de todos será posible remediar las carencias del presente porque, como apuntaba Quevedo, “solamente lo fugitivo permanece y dura”.