X
LA ÚLTIMA (COLUMNA) >

El asteroide griego > Jorge Bethencourt

   

Como éramos pocos, parió la abuela. Un asteroide del tamaño de un portaaviones pasará el día 8 de noviembre a una distancia de la Tierra inferior a la distancia de La Luna. En términos planetarios, nos va a levantar el flequillo. Los científicos dicen que no hay peligro de colisión. Me tranquilizaría, pero mi confianza en la ciencia está un poco devaluada desde que hace una semana aseguraron que no habría más erupciones en El Hierro y ahora están preparando la evacuación de un par de miles de personas.

El asteroide, a pesar de su potencial amenaza destructora, no se llama ZP sino YU55. Y aparece en escena en el preámbulo del fin de los tiempos del calendario maya (los antepasados de los que sirven margaritas en Cancún, no los que venden relojes) previsto para el 2012. Pero hay otro asteroide potencialmente más peligroso. Papandreu, harto de ser el único responsable de todos los sacrificios -y de la irresponsabilidad de la derecha griega- ha lanzado un meteorito sobre Europa, que en este caso impactará de lleno, con devastadores efectos, en el circo político que han montado los gobernantes de la eurozona. El referéndum griego puede ser el acta de defunción de la moneda común y el naufragio del plan de rescate por fascículos impuesto por Bruselas y el Banco Central Europeo.

Grecia se puede convertir en un evento de destrucción masiva si abandona cualquier tipo de compromiso con el pago de su deuda. Y no resulta nada consolador que una de sus consecuencias es que, de paso, se destruyan ellos mismos. Los efectos del impago heleno en Italia y España serán catastróficos. Pero, aunque no lo fueran, la nube de miles de millones de euros volatilizados tapará la luz del sol y la fotosíntesis de las economías de Alemania, Francia y Gran Bretaña reduciendo sus expectativas de crecimiento (y de paso, perdón por el localismo, vaciando las camas hoteleras de Canarias).

La sensación, con todo, no es el permanente sobresalto por los signos del apocalipsis. Siempre los hubo y siempre los habrá. Lo peor es la certeza de que quienes toman las decisiones ante las crisis y las amenazas van a remolque de los acontecimientos, como gallinas sin cabeza que corren sin rumbo. Los ciudadanos europeos son una nueva especie de dinosaurio que anda con paso seguro el camino de su extinción masiva. Otra calle sin salida de la evolución.

@JLBethencourt