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El legado del poeta Miguel Hernández > Enrique Arias Vega

   

Un efecto colateral de la crisis económica es la supresión de muchas subvenciones culturales perfectamente prescindibles.

Claro que los afectados pueden cogerse un rebote considerable. Es el caso de la nuera de Miguel Hernández, que se ha llevado los recuerdos del apasionado poeta oriolano a la caja fuerte de un banco.

Todo, porque la alcaldesa de Elche ha dejado de pagarle tres millones de euros.

Esta pelea pecuniaria supongo que le resultaría incomprensible al trágico autor de Nanas de la cebolla y otros de los versos más emotivos de nuestro reciente pasado en España.

Y es que el legado de los artistas es algo de lo que debe beneficiarse el público en general y no constituir el modus vivendi de familiares políticos que ni conocieron al poeta fallecido hace 70 años. Uno, que ha estado en docenas de casas museo de escritores, desde la de la Premio Nobel Grazia Deledda en Cerdeña hasta la de Miguel de Unamuno en Salamanca, no ha visto nunca este fúnebre tráfico mercantil.

Es más, cuando un editor pretendió lucrarse con unas cartas de don Miguel, en seguida se armó la marimorena.

Bien distinta es la caridad disimulada con artistas económicamente venidos a menos, como le ocurrió al eximio Rafael Alberti, a quien se le compró más que generosamente su biblioteca, la cual pudo conservar hasta su muerte.
Lo otro, en cambio, no tiene pase.

Sin embargo, han sido demasiados años de financiar con dinero público exposiciones absurdas y libros mediocres, películas inéditas y montajes grotescos.

Y así se ha creado el triste hábito de que gente sin mérito propio quiera beneficiarse del talento ajeno.