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El otro tremor > Jorge Bethencourt

   

Conforme te asomas a las páginas de los periódicos empiezas a ver que la crónica de sucesos se vuelve cada día más preocupante. Da igual que se trate de la captura de un inverosímil grupo de mafiosos en el Sur (“En Canarias no hay mafia organizada”, dijeron en su día las autoridades) como de asaltos a mano armada, cada vez más frecuentes. No pasa un día que no leamos una nueva escalada en ese resbaladizo terreno de la segura inseguridad con informaciones tan inescrutables como la de un ciudadano alemán, exmilitar, que se tomó tan en serio el trabajo de suicidarse como para darse dos tiros en la cabeza. Hay que ser muy germano para volarse dos veces la tapa de los sesos sin contar con ayuda.

Parece obvio que los procesos de incremento de la pobreza tienen un efecto inmediato en el aumento de la pequeña delincuencia. Los robos en los supermercados, el hurto de artículos de consumo, son una de sus consecuencias naturales. Pero en el paraíso, donde conviven los que sí tienen dinero con los desposeídos o los que vienen de vacaciones con los que buscan trabajo para llevar una bandeja, se mezclan peligrosamente las dos caras de una misma moneda. En las Islas crece el ejército de los desesperados, que arrambla con las cámaras digitales de un turista descuidado, que limpia las playas mientras el personal se baña o que trabaja al descuido en los centros comerciales de las zonas turísticas.

El Gobierno ha llevado a la World Travel la imagen de Canarias con el sugerente título de Tierra de Volcanes. Podría haber sido otro peor, como Tierra de Parados. La mejor publicidad de las Islas ha sido siempre su seguridad, el boca a oído, la satisfacción de los que vienen y repiten.

El problema es que mientras la policía autonómica decomisa lapas y la policía nacional se plantea colocarle pedales a los coches de patrulla, estamos descuidando la gallina de los huevos de oro, que es la seguridad de quienes nos pagan por venir a descansar y a disfrutar a nuestra Isla. Hay otro volcán bajo nuestras narices. Un magma de pobreza que se está moviendo lenta y poderosamente, buscando salida. El tremor se puede ver en las gráficas de la calle y de los titulares. Un día lo leeremos también en una caída del negocio turístico. Tiempo al tiempo.

Twitter@JLBethencourt