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El secreto de los chamanes > Manuel Iglesias

   

Los herreños están viviendo unas semanas llenas de peripecias y de preocupaciones en torno a las situaciones volcánicas, en un contexto en el que las informaciones siempre tienen incertidumbre por las características del fenómeno.

Dentro de la intranquilidad, es elogiable la serenidad con que hasta el momento se ha acogido lo que ha venido sucediendo, porque la preocupación lógica no ha estado acompañada de actos fuera de contexto y las reacciones se han dado más por cosas sobrevenidas, como el cierre del túnel o las limitaciones en el pueblo de La Restinga, que por el alarmismo ante el hecho natural que se está produciendo.

Probablemente, en este convivir con los acontecimientos ha tenido mucho que ver el que desde los primeros momentos haya existido una información amplia y variada que ha dado explicación comprensible a sucesos respecto a los cuales la mayoría de los canarios estábamos en la ignorancia. Tal vez por eso llama la atención oír en una emisora de radio a un experto de un centro científico de Barcelona criticando la “proliferación” de las informaciones y hablando incluso de que se hacían “chascarrillos” con el fenómeno y afirmando que debía haberse concentrado sólo en una voz e, incluso, que ésta fuera de un profesional no científico.

Sinceramente, no sé que hubiéramos ganado con que los científicos estuvieran en el silencio. Aparenta que al experto catalán le inquietaba más que unos colegas tuvieran protagonismo que el mismo hecho en sí del fenómeno volcánico. Es posible que, como él dice, alguna intervención tuviera una afirmación de “chascarrillo”, pero eso sería la anécdota, porque lo que se puede constatar es que en general hoy la opinión pública canaria sabe más y mejor lo que ocurre que si se hubiera guardado todo en un ambiente de secreto de los chamanes.

Los científicos que han salido a hablar en los medios lo han hecho porque los hemos reclamado para dar una explicación más documentada a los incidentes, no porque tuvieran más o menos interés en su proyección mediática. Y flaco favor sería para la prensa y para la opinión pública en general seguir las indicaciones de este experto catalán de poner toda la información canalizada a través de una sola persona, porque seguramente los medios hubiéramos superado su capacidad de dar respuesta a un hecho como este, de generalizado impacto, y la falta de información hubiera dado pie a la desinformación, que es mucho peor.

Tal vez, cuando salga un volcán en Barcelona, el experto hará bien en aplicar sus recomendaciones. Pero de momento, aquí, en las Islas, de lo que estamos agradecidos a los científicos, los locales y los que han venido de otros lados, es de su apertura a informar a los ciudadanos y a responder a lo que se les ha preguntado. Que tal vez eso ha dado pie a errores, es una posibilidad; pero que ha contribuido a un mejor conocimiento de lo que sucede, es una certeza.