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El sistema portuario doble (y 2) > Ángel Llanos

   

Hace 15 días analizamos las tres principales repercusiones de la puesta en marcha del puerto comercial de Granadilla: ser el motor económico del polígono industrial de mayor desarrollo de Canarias (siempre y cuando se convierta en un puerto competente en su confección y en su gestión), permitir a Tenerife competir en el mercado del transbordo mundial de mercancías y relanzar el puerto de Santa Cruz. Permítanme hoy completar la valoración.

El inusual consenso entre las tres grandes fuerzas políticas sobre el puerto sureño, permite que durante este siglo Granadilla complemente a Santa Cruz, colocando a la Isla en ventaja sobre el resto de las islas españolas: dos aeropuertos internacionales y dos grandes puertos, algo que no se da en ningún otro lugar. La interrelación infraestructuras-desarrollo económico en el marco del desarrollo sostenible hace que la gente busque un lugar atractivo para vivir… ¡pero también un lugar atractivo para trabajar!

La insularidad hace que todo vaya y venga por mar: no hay avión o página web que pueda transportar las exportaciones o traer las mercancías necesarias para los residentes o las que exigen los visitantes. Canarias se ha impuesto límites al crecimiento turístico para proteger el territorio, y ante eso los puertos se ofrecen como la principal fuente generadora de nuevos ingresos, especialmente dada la fecha de caducidad de las ayudas europeas. Pero también hay que aprovechar las nuevas oportunidades que generará el desarrollo de Latinoamérica y África como polos económicos a medio plazo, ya que Europa y Norteamérica apuntalan su desarrollo (antes por razones humanitarias y ahora porque la presión migratoria resulta insoportable). Canarias se está convirtiendo en el trampolín entre estos tres continentes por su situación; y Tenerife podrá participar de este comercio siempre y cuando cumpla con la capacidad y la tecnología necesaria. Gracias al puerto comercial de Granadilla, a los grandes proyectos tecnológicos impulsados por el Cabildo de Tenerife (NAP, ALIX y el superordenador más rápido de España) y a las redes terrestres de comunicaciones (anillo insular, autopistas, trenes del norte y del sur, y tranvía metropolitano), la Isla tendrá el reto de transformar el puerto de Santa Cruz, conservando el transporte de pasajeros y mimando aún más la acertada política desarrollada hasta ahora en el sector de cruceros por la Autoridad Portuaria, convirtiéndolo así en un núcleo económico como centro logístico intercontinental en el Atlántico Central desde el que abastecer los mercados de la Península, África y América, así como realizar el transbordo de mercancías entre América y la costa atlántica africana Es decir, alcanzar el resto estratégico de relanzar el Área Metropolitana ampliada, gracias a la “dársena” de Granadilla.

Tomando como referencia los puertos de Lisboa, Valencia o Barcelona, el de Santa Cruz deberá pasar de ser un espacio físico de infraestructuras, a funcionar como un conjunto de servicios compartidos en beneficio de todos, apoyando las actividades del comercio, la industria tecnológica no contaminante y del resto de los sectores económicos, entre los que también está, por supuesto, el ocio. En definitiva, deberá constituirse en un entorno de inversión (ZEC-Zona Franca), y de desarrollo de nuevas actividades que ayude a equilibrar un conjunto de servicios especializados. Es decisivo para la capital fomentar en el puerto de Santa Cruz una oferta inmobiliaria de calidad para la instalación de nuevas empresas. Sí, inmobiliaria, sin complejos.

Y después, será el momento de afrontar la instalación de un ‘puerto seco’ en el norte de Tenerife y la formación de una corporación empresarial al servicio de los flujos del comercio impulsando la presencia exterior.

*Exportavoz del PP en el Cabildo de Tenerife y en el Ayuntamiento de Santa Cruz