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(DES) TROZOS > por Luis Padilla

El Tenerife: 99 años de pasión > Luis Padilla

   

El Tenerife cumple mañana 99 años. O pasado mañana. Ahí, en el día exacto de su fundación, podría radicar la única incógnita (hoy en día resuelta a favor del ya célebre 20-N). Porque sobre el mes y el año la certeza es absoluta: noviembre de 1912. Y sobre su significado tampoco hay dudas: casi desde su fundación ha sido la entidad deportiva más representativa de la Isla.

LA FUNDACIÓN. El Tenerife se fundó el 20 de noviembre de 1912 en el Centro de Dependientes de Santa Cruz, fecha en la que se constituyó su primera junta directiva, con Juan Yanes Rodríguez como presidente. Meses más tarde, la entidad disponía de campo propio en la calle Miraflores, junto al barranco de Santos, lo que evitaba trasladar las porterías en el tranvía hasta la plaza del Cristo (La Laguna), anterior escenario de sus encuentros. En la primavera de 1913 y en ese nuevo terreno de juego, el llamado Tenerife Sporting Club elimina al Laguna Sporting Club y adquiere el derecho de disputar el primer derby regional ante el Sporting Club Victoria, de Las Palmas de Gran Canaria. Y aunque convive con una docena de equipos, casi todos con los apellidos Sporting Club, ya era el representativo insular. Y como tal encadenó tres campeonatos regionales entre 1914 y 1916 tras imponerse en las finales al Marino en dos ocasiones y en otra al Porteño, campeones grancanarios.

En ese tiempo también realizó una gira por la Península y obtuvo resonantes victorias ante Sevilla y Cádiz. Y al regreso, en el vetusto vapor Delfín, sus jugadores fueron recibidos como héroes, con banda de música incluida, en el muelle de Santa Cruz de Tenerife.

LA ACTUALIDAD. Un siglo después, el Tenerife despierta idéntica pasión en la Isla. Durante su casi centenaria historia ha ofrecido más sinsabores que alegrías, pero ha mantenido una legión de incondicionales cuya fidelidad no tiene explicación racional. Y que no ha desertado jamás. Ni tras la Guerra Civil, cuando con frecuencia era vapuleado por rivales locales como Hespérides, Real Unión, Price, Iberia o Norte. Ni cuando la creación de la Unión Deportiva Tenerife lo relegó a un segundo plano. Ni cuando, en los años setenta y con el nombre de Tenerife Atlético, malvivió en la Tercera División. Ni lo ha hecho ahora, aunque venga de dos descensos consecutivos (el último, con pasajes dolorosísimos) y haya confeccionado una plantilla repleta de futbolistas sin vínculos con la Isla que representan. Y tampoco importa que su actual y extensa denominación, Club Deportivo Tenerife Sociedad Anónima Deportiva, esté más cercana a los mercados que al sentimiento. Porque sigue siendo el Tenerife. Y su fuerza no está en sus apellidos ni en la categoría en la que milite, sino en la pasión que genera en miles y miles de personas.

Por eso, llevar su camiseta debería ser motivo de orgullo. Si alguno no lo entiende de esa manera, alguien debería explicárselo.