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Sin objetividad >

El Traje del Emperador > José Antonio Felipe Martín

   

Hans Christian Andersen es el autor del cuento El Nuevo Traje del Emperador. En él, un emperador obsesionado por el buen vestir se deja embaucar por unos truhanes que lo engañan haciéndole ver que le harán un traje que nunca llegan a empezar. Preocupado, el emperador manda a algunas de sus personas de confianza para que le digan si la prenda va avanzando, pero todos, por no perder su puesto de trabajo, le dicen que va estupendamente bien a pesar de que la misma no existe. Al final, cuando el infeliz tiene que acudir a una fiesta solo un niño se atrevió a decir que iba desnudo, que de vestido nada de nada, pero él siguió, cabeza alta, desfilando.

Hasta ayer no había creído del todo que el juego del CD Tenerife no destila la grandeza que le corresponde a un club que se ha gastado lo que se ha gastado en fichajes, que tiene una afición fiel que lo arropa en un número superior a los 9.000 espectadores y que, a nadie se le olvide, debe volver a Segunda División este mismo curso.

Ayer, el CD Leganés, ese equipo que puede presumir de tener a un técnico como Miguel Álvarez en el banquillo, le robó la pelota a los blanquiazules, propuso un estilo de juego tan atrevido como bonito y fue merecedor de la victoria. El árbitro, la mala suerte y aquello de que el fútbol es así, provocó que los pepineros (anda que menudo apodo), se marcharan de vacío de la Isla.

Volvemos a no jugar a nada, a hacer los partidos feos y aburridos y poco más. Como dirían varios protagonistas blanquiazules, “hicimos bueno el punto del Sanse”, como también el de La Roda. Ahora: ¿nos debemos conformar con eso? Podría decir que creo que el Tenerife se atasca en la creación del juego, que tiene ciertas complicaciones a la hora de cambiar la orientación del juego o que la distancia de sus líneas a veces es excesiva, pero creo que reconociendo que creo que vamos pa’trás como los cangrejos queda todo bastante más claro. No jugamos a nada, vamos desnudos como el emperador e igual, hasta ayer, nadie nos lo había dicho.