X

El viaje de Tarek Ode

   

/ TAREK ODE

SANTIAGO TOSTE | Santa Cruz de Tenerife

La búsqueda de un lenguaje artístico propio, alejado de lo convencional, conlleva estar dispuesto a afrontar un camino algo más largo, pero también más enriquecedor. Éste es el parecer del fotógrafo tinerfeño Tarek Ode, cuya obra más reciente cuelga ahora de las paredes de la Galería de Arte Echevarría, en Santa Cruz, y de Espacio GIC, en Barcelona. En concreto, se trata de dos exposiciones, denominadas respectivamente Tiempo Infinito (que puede visitarse en la Galería Echevarría hasta el día 30) y Vestigios de la Memoria (hasta el 10 de enero en la Ciudad Condal), que realmente reflejan un mismo viaje, la continuidad del proceso de desarrollo de una técnica que comenzó a tomar forma en 2003.

“Para mí son básicamente la misma serie -explica Ode a DIARIO DE AVISOS-, pero plasmada en dos exposiciones, algo que me pareció interesante, donde sigo jugando con el paso del tiempo, con la temporalidad, con el envejecimiento, con la soledad, con el silencio…”. “De hecho, ese lenguaje expresa de la misma manera el concepto del viaje interior que persigo”, apostilla.

Un viaje interior que fija su mirada en el exterior, y que ha conducido al fotógrafo, al artista, a lugares como Croacia, Sudáfrica, Estados Unidos o Bosnia. “Todos los viajes al final son el mismo -expone Tarek Ode-, te dejas llevar y luego intentas encerrar en la imagen un pedazo, un fragmento de memoria retenida, buscando la atemporalidad, las tres dimensiones en las dos dimensiones”.

De esa forma, en sus imágenes -“mi obra es bastante pictórica, se quiere alejar de la fotografía”, comenta-, Tarek Ode se alimenta de ese viaje interior y elude cualquier referencia temporal. “Quiero que el que observe una de mis fotografías piense que pudo haber sido tomada lo mismo ayer que hace cien años”, señala. “El viaje es la justificación para crear -prosigue-, quiero estar de paso en muchos sitios y captarlos con mi cámara. Ahora quiero irme en enero a Egipto, a hacer lo mismo, y he llegado a un momento en el que ya ni siquiera me pregunto por qué”.

“Cada pieza se expresa por sí sola -señala Ode en el texto que acompaña a Tiempo Infinito en Galería Echevarría-, a la par que conforma en su conjunto una poética de la imagen, en la cual, diversos puntos de vista contribuyen a darle sentido. La imagen se convertirá en un territorio de fuerzas donde el espacio deja de estar vacío. Esta colonización del espacio en la obra con sus infinitas variaciones, acaba dando lugar a un conjunto integrado, a un poema visual”.

Una imagen poética que, en el caso que nos ocupa, alude a ese viaje en el que estamos inmersos

[apunte]

Atemporalidad

La ubicación en lo atemporal se convierte en carta de naturaleza de las creaciones del artista. Una atemporalidad que posibilita convertir el viaje físico en un recorrido por el interior del creador y, es obvio, de todo aquel que se detiene un instante para fijar su mirada en la obra de arte. De esa manera, lugares remotos y cercanos conforman un mismo paisaje, íntimo y extraño, alejado de cualquier intento de concreción de fechas o mapas. Un tiempo infinito que es vestigio de la memoria.

[/apunte]