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En el caos > Fernando Fernández

   

Si escribo caos y hablo de él, parecería que lo hago de algo que presenciamos desde fuera o que nos es ajeno. Pero si digo tal como está en el título, es que estamos dentro de él, que somos parte de él y que nos afecta en primera persona. Porque esa es la triste realidad de este minuto. Cuando todos los periódicos, todas las tertulias de radio y todas las informaciones sobre la evolución de las bolsas que han abierto en Europa hace algo más de una horas anuncian que es el euro y la misma Unión Europea quienes están en riesgo, el panorama que se vive en medio de este caos es el siguiente.

Grecia lleva sin gobierno desde hace 4 días, con sus dirigentes políticos discutiendo quien y como asume la responsabilidad de formar uno nuevo que sustituya al dimisionario Papandreu, el incendiario, así calificado el domingo por uno de los principales periódicos europeos. Un pirómano que para tratar de salvar su menguante cabellera no dudó en poner en riesgo el futuro del proyecto común europeo.

Italia, cuarta economía europea, en quiebra técnica y paralizada, con un gobierno incapaz de tomar decisiones, un primer ministro que anuncia que se va y ahí les queda todo eso, y una oposición incapaz de formular una propuesta alternativa constructiva, porque no la tiene y porque lo único que los une es su odio visceral a Berlusconi, alias el caimán. España, en campaña electoral desde hace cuatro meses, cuando su presidente del gobierno anunció la convocatoria para el 20-N y que desde entonces se ha limitado a ver el incendio, como Nerón tocando la lira mientras Roma se consumía en llamas. Su candidato a sucederle no tiene ocurrencia mejor que aplazar dos años el cumplimiento de las obligaciones fiscales que Europa impuso al gobierno del que formaba parte para salir de la crisis.

Pero es que por allá arriba, en las tierras de Asterix y de los Nibelungos no andan mucho mejor. Sarkozy, más culinquieto que nunca, a poco más de seis meses para las elecciones en Francia, ha visto en su protagonismo para la salvación del euro una oportunidad para remontar en las encuestas y asegurar su reelección. Y la Merkel, sin el supuesto liderazgo que se le atribuye, actúa como el perro del hortelano que ni come ni deja comer, más pendiente de lo que le diga su comité de sabios, los 5 economistas que la asesoran, que de tomar decisiones. Craso error, porque la crisis europea hoy no es solo económica, padecemos una crisis sobre todo política y la solución será política o no será. Un amigo del mundo financiero me pregunta que como saldremos de esta y le contesto que no lo sé. Si lo supiera sería candidato para presidir la Comisión Europea en Bruselas. Pero le recuerdo que ya en diciembre relaté con detalle como vieron mis ojos los sótanos vacíos, limpios como una patena, del Banco de la Nación Argentina, durante la crisis del corralito, hace ahora 10 años. Y que en febrero hablé de una Europa de dos velocidades y que tal vez nos veríamos abocados a alguna decisión del tipo de un euro fuerte para los países con economías más saneadas y otro con un valor cambiario inferior para las economías periféricas.

Eso es un disparate, me dijo entonces un amigo desde Bruselas, un sabio en asuntos económicos y monetarios que ahora suena como ministrable para el futuro gobierno de España. Y es verdad, tal vez lo sea. Pero también podría ser que mi amigo sepa mucho de economía y no tanto como yo le supongo de política europea. Yo ignoro cuál puede ser la solución, pero quienes deben darla parece que también.