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Especie amenazada > Jorge Bethencourt

   

Existe cierta contradicción intelectual en un argumentario ecologista que resulta tan exigente en unos lugares y tan poco consistente en otros. No sé si en la costa de Santa Cruz hay sebas, pero si las hay seguramente son de tercera división; sebas devaluadas que a nadie importan y que beben sus soledades entre sorbos de crudo y gasóleo. Desconozco si alguna montaña, velozmente borrada de la faz del paisaje en La Laguna, para la instalación de un complejo comercial, merecía una protección que no tuvo por estar en el sitio equivocado. Pero no tengo muchas dudas en que no hay seba que respire lo que los vecinos de Buenos Aires (qué nombre más irónico), a los que no hay ecólogo, ni entomólogo, ni político que les haga repuñetero caso.

Es inescrutable que algunos atentados medioambientales sesteen plácidamente en el olvido y otros despierten grandes reacciones de rechazo. El propio lema de “no al puerto de Granadilla y sí al puerto de Santa Cruz” me confunde. Parece que lo que es malo para otros es soportable en la capital. O al revés. No sé. O tal vez los puertos jodan lo mismo en todos los sitios. Y tengan las mismas ventajas.

La instalación de un gran polígono y un puerto industrial en el Sur de la Isla fue un error. Está demasiado cerca de nuestra mayor fuente de riqueza, que es el turismo. Pero siempre ha sido una tradición que no prestemos atención a nuestra gallina de los huevos de oro. El turismo no funcionaría sin paisaje, pero tampoco sin energía eléctrica, transporte y abastecimientos. Necesitamos zonas industriales. La idea de una isla mochilera sería estupenda si uno estuviera dispuesto a vivir como Pocahontas. El discurso antisistémico tiene fundamentos razonables. En pocos años tendremos que permitir el crecimiento con otras reglas de juego. Pero la realidad ahora es que la verdadera especie amenazada es un cuarto de millón de canarios al borde de la extinción. Más de cien organizaciones no gubernamentales trabajan en el frente de la miseria en Canarias. En la trinchera de miles de familias que están penetrando en las fronteras de la pobreza. Familias que han perdido sus casas para mayor gloria de los orondos banqueros de sueldos escatológicos, que apenas tienen recursos para la comida de sus hijos. Hoy no debiera existir otra prioridad que impedir esa extinción irreparable y reactivar la economía. Y al escarabajo, lo siento, que le den por saco.

@JLBethencourt