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Esperanza Aguirre y el copago > Manuel Iglesias

   

En la campaña electoral, se ha metido de refilón un tema de esos que son importantes en su fondo, pero superfluos en cuanto a las consecuencias inmediatas, y demasiado serios y trascendentes como para resolverlo a la carrera y con la demagogia.

Se trata del llamado copago sanitario, el que los usuarios de la sanidad pública paguen una cantidad por hacer uso de los servicios, como manera, dicen sus defensores, de contribuir a hacer descender la actual presión económica que hay en ese apartado.

El asunto ha llegado a un punto que la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, hizo comparaciones de por qué Emilio Botín, el presidente del Banco Santander, iba a recibir iguales servicios que un ciudadano normal, cuando él tiene mayores recursos.

Hay una falsedad intrínseca en la comparación. Emilio Botín, si tiene derecho a la sanidad pública (en el dudoso caso de que la use), lo posee en su condición de ciudadano y no por ser o no presidente de un banco o más rico. Ese derecho en una sociedad moderna corresponde a la persona, no a un baremo de ingresos que pone una barrera -este sí, este no-, y otra cosa distinta es que quienes tengan más paguen más impuestos precisamente para sostener el sistema, pero no por su uso como paciente.

Hay otra incongruencia en el asunto, porque hace poco tiempo la señora Aguirre padeció una importante dolencia que superó felizmente y de la que fue operada en un hospital público, como debe ser. No se habló entonces de que debería pagar una parte por sus médicos y sus medicinas que no abonaría otro paciente, ya que indudablemente la condesa de Murillo tiene unos ingresos más importantes que muchos otros ciudadanos. Pero el derecho a ser atendida en una sanidad pública le corresponde como persona, sea quien sea, condesa o albañil, como debe ser en algo en cuyo concepto más elogioso es la universalidad. Y que también beneficia, como se ve, a quien lo critica.

Es verdad que la sanidad pública tiene que plantarse y reorganizar sus cuentas, porque la línea actual es insostenible, y una de las claves es evitar el despilfarro, en todos los sentidos, material y laboral, que se puede haber acumulado como michelines del sistema. Que de todo hay, como cuentan y reconocen los profesionales fuera de micrófono.

Pero junto a esto, la solución de futuro a los déficit sólo puede llegar por un aumento de los ingresos para compensarlos con los gastos y esto únicamente puede producirse si frenamos el desempleo y se comienzan a crear puestos de trabajo. Con más personas cotizando a la Seguridad Social, ésta tiene mayores posibilidades de existir; con menos, entra en un tobogán que nos conduce a una medicina a la cubana en la que el paciente debe llevar sus propias sábanas y almohadas al hospital porque el sistema no tiene para proporcionárselas. No iguala el servicio, sino la miseria.