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Europa, enferma > Miguel L. Tejera Jordán

   

Las noticias de economía y las del empleo nos están llevando a extremos tan desquiciantes que, como la cosa siga así, dejaremos de hablar del euro, la bolsa y el paro, para ponernos una camisa de fuerza e ingresar en un manicomio. Cada día, los titulares de las primeras páginas de los diarios nos llenan de sustos el cuerpo. Que si casi cinco millones de parados, que si Grecia se sale del euro, que si la lira italiana y la peseta española seguirán los pasos del dracma. Que si van a desaparecer las prestaciones por desempleo; incluso que las pensiones serán recortadas. Todo gira en torno a la misma cuestión. El dinero se ha convertido en nuestra obsesión: la de políticos, banqueros, empresarios, trabajadores. Y la obsesión terminará por enfermarnos. Además, la gente normal y corriente, la de la calle, la de las personas que no somos economistas ni entendemos el lenguaje de los expertos, sólo queremos que se nos explique, con lenguaje llano, qué es lo que está pasando. Por ejemplo: ¿por qué Europa destina miles de millones de euros para salvar a los bancos (recapitalizarlos, nos cuentan) en lugar de invertir todos esos millones de euros en grandes obras públicas que absorban la mano de obra parada por culpa de la crisis del ladrillo y la empleen en construir hospitales, escuelas, carreteras o ferrocarriles? El dinero público que le estamos dando a los bancos para reflotarlos (por sus propios errores y sus excesos, precisamente) está inflando los bolsillos de la banca y de los ejecutivos de la banca que cobran por las nubes y se retiran con pensiones de lujo. Pero es que el mismo dinero que le están dando a la banca, sin que fluya el crédito, si se invirtiera en obra pública, llenaría los bolsillos de millones de obreros de la construcción, que comenzarían a cobrar sus nóminas, a cotizar a la Seguridad Social y a gastarse el sueldo en comprar y activar empresas que ahora mismo están cerrando por falta de demanda, en lugar de engordar a unos pocos, avariciosos, por cierto. El Estado, como primera empresa del país, tendría que liderar la recuperación contratando parados a mansalva: no para hacer pisos, que tenemos de sobra, pero sí hospitales y escuelas y carreteras y autopistas y todo lo que se ponga por delante que dé trabajo y que llene de dineros los bolsillos, para que la gente tire del consumo y tomen impulso las nuevas empresas. Ya lo hizo Roosevelt, siguiendo a Keynes, promoviendo la intervención estatal para sacar la economía del estancamiento. Y le dio resultado. ¿Por qué no otro new deal, otro nuevo reparto?

De hecho, los mismos economistas están enfrentados. Los unos están a muerte con el ajuste y los otros afirman que el ajuste está yugulando el crecimiento, es decir, que el ajuste nos está matando. ¿Quién tiene la razón? Si abrimos la mano y gastamos más dinero en dar trabajo a los parados, ¿no estamos caminando, acaso, en la buena dirección? Si la cerramos y no soltamos prenda, ¿no estaremos enviando más gente al paro, más parados que no consumen y que generarán más y más parados, y así en una especie de espiral sin fin?

Va a ser verdad que los gobiernos están mucho más interesados en rescatar bancos y banqueros que en dar trabajo a los parados. Pero a semejante paso, llegará el día en que los bancos no sean necesarios, porque nadie tendrá un duro para pagar un crédito. También tal vez sea verdad que no estamos preparados para funcionar como una sola Europa. Tal vez sea mejor que cada cual vuelva a ser quien era y como era, en lugar de aparentar lo que no se es, ni se tiene…, en esta Europa enferma.