X
Retiro lo escrito >

Fragilidad > Alfonso González Jerez

   

La huelga convocada en la sanidad pública ha sido una huelguita. Ni siquiera un aperitivo de lo que nos espera en los próximos meses. Ningún sector dejará de salir a la calle para desgañitarse. Circula por ahí una interpretación sobre la voluntad cumplida del Gobierno autónomo de presentar un proyecto de presupuestos generales para 2012 en lugar de limitarse a prorrogarlos hasta que el PP de Mariano Rajoy elabore y apruebe los suyos. El Ejecutivo presidido por Paulino Rivero, y sostenido por CC y PSOE, presenta un proyecto presupuestario para evidenciar que los recortes que, hablando con rigor, pondrán nuestra supervivencia en la picota serán responsabilidad del Partido Popular y su majestuosa mayoría absoluta. Canarias, efectivamente, presenta unas singularidades muy preocupantes, que confluyen en una fragilidad central. Canarias, si merman sustancialmente los recursos de las transferencias del Estado, entrará en una espiral de colapso económico, porque se ha construido una sociedad en el que la modernización de sectores estratégicos y la articulación de un Estado de Bienestar Social, en los últimos veinticinco años, está enchufada a los fondos del Estado y de la Unión Europea. Porque se ha hablado hasta la náusea del impulso económico y la generación de plusvalías y puestos de trabajo que representaron la construcción y el turismo y, en cambio, se ha hablado muy poco de la relevancia estructural que en Canarias ha supuesto (y sigue suponiendo) la inversión y el gasto públicos. Sin llegar al extremo de definir Canarias como un país subsidiado, sin renunciar a la crítica y a la corrección del derroche, el aquelarre burocrático y la hipertrofia de las administraciones públicas, está muy claro que, desprovista del sostén de los recursos públicos (bonificaciones, subvenciones, programas), no solo los servicios sociales y asistenciales, sino la agricultura, la industria, los transportes quedarían infartados. Somos como un precioso jarrón chino colocado en lo alto de una cucaña en medio del Atlántico. Las crisis económicas internacionales no se nos han dado históricamente demasiado bien. Somos más ricos y a la vez más quebradizos que hace cincuenta, sesenta, setenta años: un síntoma de fracaso insoslayable. Recortar 35.000 millones de euros -ese es el precio que supone cumplir con un déficit fiscal del 4,2% a finales de 2012- va a significar una tormenta espeluznante porque coincidirá con una tasa de desempleo que seguirá incrementándose. Es una abominable falsedad que esta carnicería presupuestaria no impacte brutalmente en la calidad de la vida cotidiana de las personas, en los cimientos del Estado de Bienestar, en la depresión del consumo, en la paralización mortuoria de la actividad económica. Y en Canarias abre un panorama muy parecido a la condena de un retroceso económico que someterá a estas Islas a tensiones sociales y políticas impredecibles.