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CARNAVAL 2012 > LOS PROTAGONISTAS HABLAN

La gran dama del Carnaval

   

Gracias a su labor en la moda, Coello ha viajado “por todo el mundo”. / JAVIER GANIVET

NANA GARCÍA | Santa Cruz de Tenerife

María Isabel Coello Higueras es una mujer suave en la conversación y en el trato. Nadie diría que hace más de 50 años tuviera que sortear hábilmente las penurias y los prejuicios sociales, cual personaje de Bertolt Brecht, para sacar adelante a sus tres hijos gracias al oficio de modista. “Tuve mucha suerte -dice-, me llamaban la atrevida porque en mi vida había cosido, pero la circunstancias me empujaron a hacer algo por mis hijos, que son buenísimos”.

Esta destacada dama del Carnaval será una de las diseñadoras homenajeadas en al gala de elección de la reina 2012, cuyo director, Juan Carlos Armas, ha anunciado que rendirá tributo a todas las reinas de la historia de Santa Cruz desde 1965. “No es lo mismo que se acuerden de tu trabajo, que se olvide de ti”, indica la modista al respecto al tiempo que reconoce que ha disfrutado de la fiesta de la máscara “al 100%” desde las Fiestas de Invierno hasta hoy.

A sus 85 años, ha sido una de las diseñadoras más representativas del Carnaval de Santa Cruz, con nueve títulos de reina en su haber. Además, fue la primera en agregar el tocado en los trajes y acogió en su magisterio Leo Martínez o Justo Gutiérrez. También fue la que descubrió a Noelia Afonso, Poldo Cebrián y ha mantenido una estrecha amistad con Alicia Navarro y la carismática actriz Nuria Espert.

Autodidacta, inquieta y amante del Carnaval como nadie, Isabel Coello fundó el grupo Las Revoltosas, una iniciativa integrada por “50 o 60 mujeres” que desde la década de los 60 ensalzaba en las calles capitalinas a “la mascarita”, explica mientras muestra su álbum de fotografías históricas en el salón de su casa. “Llevábamos pelucas, los trajes eran largos y no se sabía si éramos gordas o flacas y eso era lo bonito del Carnaval”, recuerda con brillo en los ojos.

Pero Isabel Coello no solo ha sido una gran dama del Carnaval, dedicó su vida a un taller de costura, en el que llegó a contar con hasta 35 “oficialas”, y con el que vistió a numerosos grupos de la fiesta, así como a gran parte de la sociedad capitalina.