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La hora de la verdad

   

Cuando este periódico esté en sus manos habrá ejercido su derecho al voto o programado su visita al colegio electoral; mostrará su compromiso con el más trascendente deber de la democracia o, lamentablemente, el desencanto le habrá alejado de esa obligación; estará con ánimo militante o indignado ante unas elecciones que, en España y en Europa, no han conseguido paliar una crisis inclemente que se ceba, precisamente, con el cuerpo social más numeroso, con la sufrida clase media, víctima central de las recesiones y que, en los comicios, determina el signo de un gobierno o el rumbo de una política.

Las razones y los sentimientos de los electores, legítimos en todos los casos, no eximen a DIARIO DE AVISOS de su vinculación histórica con la democracia y, por tanto, con la sincera llamada a la participación masiva para que las exigencias de los representados se revistan de la coraza moral que haga más claras y enérgicas sus demandas.

Hace una semana, hablamos de la hora de la política; hoy lo hacemos en la fecha que determinará por un plazo de cuatro años las directivas de austeridad y ajustes que, como se ha visto en todos los procesos celebrados en Europa, no tienen color ni ideología. Las recetas del FMI y el comisariado áulico de Alemania y Francia -Merkel y Sarkozy amagan con un liderazgo que, por distintas razones, les viene ancho- no han servido para evitar un rotundo fracaso del sistema: la sustitución de los políticos electos por tecnócratas; Grecia e Italia están gobernadas por técnicos y banqueros que aplicarán, sin ideología y sin piel, las indicaciones únicas y el mercado; un dios herido y autista, no solo no resuelve, ni resolverá, los problemas que creó con la codicia y la desregulación, sino que insiste en reclamar nuevas ayudas para reflotar un sistema financiero que hace aguas a babor y estribor.

Pedíamos hace una semana responsabilidad para vencedores y vencidos y generosidad para quienes cuenten con el respaldo mayoritario del pueblo español. Pedíamos política, porque se equivocan quienes quieren reducir esta lamentable situación a la economía y, de modo especial, a los menguados estadistas que se han dejado usurpar funciones y no han actuado con la racionalidad y la energía exigible a quienes detentan, en nombre del pueblo soberano, el poder sobre todos los sectores del país. Más allá de los sondeos y los pronósticos, en estas elecciones se decidirá quién aplicará la hoja de ruta, única y trazada, y la mayor o menor sensibilidad en los recortes y sacrificios. Así pues, la participación es clave y una alta abstención será un nuevo pecado a añadir a los partidos que aquí, y en el último extremo de la Unión Europea, no han estado a la altura esperada.

Por otra parte, a cuantos problemas y carencias padecemos se puede unir el riesgo de una bipolarización que mantenga el encanallamiento y la crispación de las últimas legislaturas. De este veinte de noviembre, que añade a efemérides superadas del pasado, una extraordinaria oportunidad de futuro -trabajar por el diálogo y el consenso, alcanzar pactos como aquellos que nos devolvieron la democracia- y no podemos ni debemos desperdiciarla. Es la hora de la verdad, la hora de Canarias, y la clase política, en su conjunto, debe demostrar su capacidad para sacarnos del terrible agujero donde nos debatimos, si, con cada cual en su papel, contamos con la participación leal de todos. Tenerife, La Palma, La Gomera, El Hierro, Gran Canaria, Fuerteventura y Lanzarote son la primera etapa de nuestras preocupaciones, y tienen también la oportunidad de redimirse de errores, revanchas y esquizofrenias y entrar en la senda de la razón, el sentido común y las auténticas prioridades -que están en los intereses generales y en las aspiraciones de bienestar de nuestro pueblo- frente a situaciones debidas a sentimientos de parte que, en cualquier caso, cargan sectarismo e injusticia. Desde esas convicciones, y de la reiterada necesidad de que todos sean capaces de remar en una misma dirección, llamamos a un domingo electoral participativo e ilusionado que nos libere de los problemas y los fantasmas del pasado que resentidos e insensatos pretenden resucitar. Hoy puede ser un buen día para decir quiénes somos y qué somos capaces de hacer, cada cual en su rincón, juntos y en marcha hacia el mejor futuro.