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La imposible foto soñada > Francisco Pomares

   

Les gustaría una foto a la puerta misma del edificio de Génova, quizá en el porche bajo la gran gaviota alada y las dos pes, Rajoy sonriente, apenas contenida la mirada de sorpresa con un mínimo rictus de sentido de la responsabilidad, peso de la púrpura y etcétera. Y la pequeña Anita de oreja a oreja puro profidén relamido: crecida sobre todas las previsiones, y pensando en los cuatro síes mejor administrados, vendidos y comprados de toda la historia reciente de Canarias. O bien la foto de la señora presidente del Grupo Canario y el señor Rajoy en las escaleras del Congreso, posando para la posteridad -como en tiempos hicieran Hermoso y Aznar- con un gesto aparentemente franco, la mirada apuntando a un futuro sin tantas hipotecas. Y por detrás, en lo que no sale en la foto, cambiando grupo canario y millones, como siempre, por toda la tropa entonando la séptima de las notas, muy pero que muy armoniosamente: do, re, mi, fa, sol, la, SI, SI, SI, SI, do. O quizá también la foto de la señora Oramas en el despacho de la última planta, fundiéndose en un estrechar de manos, la derecha en la derecha de Rajoy, la izquierda buscando afanosamente en el bolsillo del candidato un remedo del Plan Canarias, y también los millones que puedan ser en estos tiempos tan duros, ya veremos cuántos, y un montón de palabras sobre estabilidad, confianza, cercanía, ultraperiferia y Estado. Y detrás de Rajoy, en fila india, aparentemente noqueados, aplaudiendo como muñecos rotos, Soria y todos los demás, aún sin entender qué paso con las encuestas. Esa es exactamente la foto con la que sueñan. La de un PP al borde de la mayoría, pero colgado por los pelos, la foto de cuatro diputados de Coalición-Nueva Canarias, la familia reconciliada que ha dado la sorpresa y se ha colocado de nuevo. La foto que permitiría a Paulino volver a hacer su ensayado brindis al sol, repetir que no le tiembla ni le ha de temblar el pulso y prescindir de estos socios tan casposos de ahora, esta comparsa tan gastada y castigada que da yuyu de derrota. Y hacerlo, como es costumbre, sin necesidad de incorporar socios nuevos, repitiendo el viejo truco de prestidigitador de siempre, nada por aquí nada por allí, en Canarias yo me lo guiso yo me lo como. Aunque lo que quede para cazuela sea cada vez menos. Esa es la foto, en fin. Una foto tan deseada como en verdad imposible. Porque el PP se ha encontrado -casi sin tener que hacer nada, casi sin merecérselo- con la crisis y el milagro de la multiplicación imparable de los votos.