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La traca final > Fernando Fernández

   

Si pensaron que las malas noticias y las maldades urdidas por este desgraciado gobierno habían terminado, estaban errados. Y aunque votaremos dentro de 15 días para enviarlo a un rincón de la historia, ya verán el destrozo que aún puede hacer en un mes de permanencia en funciones, hasta la formación del nuevo gobierno.
No se si lo leí o escuché a alguien; tal vez sea cosecha de mi propia gramática parda, pero desde joven me aplico un principio que me ha ayudado siempre en mi experiencia vital. Si todo te sale bien, me dije muchas veces, es que actúas bien; pero si todo sale mal, preciso es averiguar qué hacemos mal. Rota y vencida esta tropilla zapateril, la aplicación de esta verdad de Perogrullo es la prueba del nueve del pésimo gobierno que hemos padecido.
Mientras trató de engañarnos sobre la fecha de las elecciones, eligió cuidadosamente el 20-N con la creencia de que los buenos datos del empleo en la temporada de verano permitirían mantener la impostura de la recuperación, ese manojo de trolas con las que han querido engatusar al personal. No esperaban alcanzar en estos días la fatídica cifra de los 5 millones de españoles sin trabajo y el corolario de datos que ese número nos trajo días atrás.
El Banco de España certifica que la economía española no crece, que permanece estancada y camino de la recesión. Ni una sola previsión del Gobierno se ha cumplido. Lejos de confirmar las estimaciones de los Presupuestos Generales del Estado, hemos empeorado con respecto a 2010. Es imposible que todas las previsiones estuvieran equivocadas. Nos han venido hablando de los brotes verdes, de recuperación económica, de la vuelta al crecimiento y a la creación de empleo, de la reducción del déficit. El estado tiene excelentes profesionales en el Ministerio de Economía, así que no es creíble que se equivocaran tanto. Realmente, todo ha sido una burda patraña, otra sarta de embustes con la vana ilusión de tener un respiro con el que minorar daños electorales.
Entre un dato y otro, 2 acontecimientos han certificado el papel marginal al que este nefasto gobierno nos ha llevado. En Bruselas, una Unión Europea paralizada, sin redaños ni liderazgo, es incapaz de solventar la tragedia griega y castigó a los españoles con decisiones que nos convierte en perdedores de una Cumbre en la que el presidente del gobierno fue incapaz de pedir la palabra, al menos para protestar por el intolerable maltrato que se nos daba. Las consecuencias las pagará el nuevo gobierno y en definitiva los españoles, que tendremos menos crédito para financiar las iniciativas empresariales y el consumo de las familias. Es decir, con un aumento del número de parados para los próximos meses. Y si no fuera bastante, el mal trago que hemos pasado con motivo de la XXI Cumbre Iberoamericana, a la que no asistieron la mitad de los mandatarios hispanoamericanos, entre ellos los más significados. México, Brasil, Colombia y Argentina estuvieron representados por una delegación de segundo nivel. Durante 2010, Zapatero no viajó ni una sola vez a Hispanoamérica, ni siquiera para asistir a la precedente Cumbre Iberoamericana de Naciones, impulsada, patrocinada y financiada por España, un hecho sin precedente. Ha sido la traca final. Todo le ha salido mal, pero lo peor es que el daño causado lo sufriremos los españoles durante unos años mas. Nunca olvidaremos a este personaje, situado ya por méritos propios en el pelotón de los peores gobernantes de nuestra historia.