X
... y no es broma > por Conrado Flores

La vida es sueño > Conrado Flores

   

Cuando uno cierra los ojos y se duerme todo es posible. Por mucho dinero que tengas, es el único momento del día en el que cualquier cosa se puede hacer realidad. Si quieres, esta noche puedes tener un romance con una presentadora del Telediario, marcar el gol del triunfo en la final de la Champions o entrenar un cuerpo de conejos de élite desde una base secreta en Ciudad Zanahoria. ¿Quién te lo impide? Nadie, todo vale. Soñar -al menos de momento- es totalmente gratis. Además, es algo que se hace durmiendo y, como todo el mundo sabe, dormir es muy saludable.

Soñar sólo tiene un pequeño inconveniente: las pesadillas. Porque uno controla el principio de su sueño, lo sitúa en un contexto atractivo y lo modela como quiere, pero una vez entramos en fase REM dejamos de tener las riendas y todo se nos puede ir al garete. El estrés, una mala digestión, los últimos datos del paro… Son muchos los motivos que pueden convertir nuestro sueño reparador en una angustiosa pesadilla.

Tú ya habías bajado la escalera de tu bungalow en un atolón de las Maldivas junto a Panchali, una joven y cariñosa masajista local, y estabas a punto de subirte junto a ella en tu nueva moto de agua hasta que caes profundamente dormido. De repente, el mar se llena de tiburones y Panchali, poco después de transformarse en tu padre, te empuja al agua. Antes de morir ahogado y devorado vivo, entre gritos y sudores, te caes al suelo y te toca regresar de nuevo a la cama a encerrarte con Panchali dentro del bungalow.

En cambio, hablar en sueños no debería ser un problema. Según la versión de mi mujer, hace cosa de una semana le dije en mitad de la madrugada: “no te preocupes cariño, yo limpio mañana la chimenea”. Un detalle bastante amable por mi parte, si no fuera porque no tenemos chimenea. Eso es ser un sonámbulo creativo. Dormido ya me han pillado riéndome, cantando e incluso hablando en inglés. No pasa nada. Gritar apasionadamente “¡Mary, Mary, Mary!” mientras sueñas tampoco debería resultar extraño. Excepto en el caso de que tu mujer se llame Vanessa y duerma en la almohada de al lado.

¡Así que a soñar! Que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.