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La villa musical por excelencia

   

La villa de Arafo se encuentra entre los municipios de Güímar y Candelaria y es el más pequeño del Valle, a la sombra del pico Cho Marcial. / JAVIER GANIVET

NORBERTO CHIJEB | Arafo

No es de extrañar que el mayor seísmo que se ha producido hasta ahora en le crisis volcánica que vive El Hierro se haya sentido en Arafo. Los araferos alardean de tener muy desarrollado el sentido del oído, no en vano hablamos del pueblo que presume a su entrada de ser la Villa de la Música, una tradición que acompaña a este bello rincón del Valle de Güímar desde hace más de siglo y medio. Nos atreveríamos a decir que no hay familia de Arafo que no tenga un músico en su casa, ya sea de la banda Nivaria o de La Candelaria.

La villa de Arafo es el más pequeño de los municipios del Valle de Güímar, con poco más de treinta kilómetros cuadrados y 5.500 habitantes, que va desde la cumbre que llega hasta la carretera del Teide hasta la costa, donde se encuentra situada la pequeña playa de Lima y el Polígono Industrial de Güímar, donde dispone de más terreno que nadie. Desde ahí, hasta su casco antiguo, Arafo ha crecido en torno a la zona de El Carretón y las nuevas urbanizaciones en La Hidalga, nexo de unión con San Francisco Javier y Güímar.

De ese Polígono Industrial y de la agricultura -frutales y, sobre todo, viñedos- vive un pueblo que trata de luchar contra la lacra del paro intentando reinventarse con el turismo rural y con nuevas instalaciones como un gran complejo educativo de carácter comarcal en El Carretón.

Arafo no solo presume de música, sino que también lo hace de haber conseguido, bajo la alcaldía de Domingo Calzadilla -casi cuarenta años con el bastón de mando-, distintos premios a la limpieza y al cuidado del entorno, algo que se palpa hoy en día cuando uno visita las calles de sus barrios y de su centro histórico, que cuenta con un gran patrimonio cultural.

El volcán de Arafo, a las faldas del imponente pico Cho Marcial, domina un paisaje surcado por el barranco de Añavingo, que tiene una gran riqueza en flora canaria. Ahí, en la Cuesta del Estanque se encuentra el conjunto etnográfico de Los Lavaderos, lugar público con piedras de lavar y molino, declarados Monumento Histórico Artístico en el año 1984.