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... y no es broma >

Los 101 > Conrado Flores

   

Supongo que a estas alturas te habrás enterado que la tienda norteamericana de ropa juvenil Abercrombie & Fitch ha abierto una tienda en Madrid el pasado 3 de noviembre. Si no lo sabías es que probablemente has estado escalando en el Himalaya durante las últimas semanas. No debe haber revista, ni programa de radio, ni de televisión que no se haya hecho eco de la noticia en medio de un jolgorio más propio de la inauguración de un parque de atracciones. ¿Por qué es tan relevante la apertura de una tienda de ropa que vende camisetas a 80 euros?

Lo es por los 101 muchachos de aspecto apolíneo que promocionaron el comercio y recibieron a la clientela, en su mayoría femenina, con el torso desnudo. El mismo día de la inauguración, la gente no cabía en interior del establecimiento y en la cola -que daba varias vueltas a la manzana- cientos de muchachas esperaban su turno, ansiosas por sacarse una foto con alguno de los dependientes.

Admito que yo quise ser uno de ellos. De hecho, les envié mi currículum y una foto en calzoncillos pero no recibí respuesta por parte de la empresa. No les interesaron ni mis estudios superiores, ni mi nivel avanzado de inglés, ni mi apasionada redacción de tres páginas en la que les describía por qué merecía ser uno de esos 101 elegidos. Ya sé que no tengo un abdomen tipo “tableta de chocolate” sino más bien tipo “tableta de turrón”, pero me dolió. Y ahora veo las cosas de otra manera.

Sí, porque como ya hicieron David Beckham para Calvin Klein o Cristiano Ronaldo para Armani, el cuerpo desnudo del hombre es nuevamente degradado y utilizado como reclamo comercial. Estos jóvenes, que han sido seleccionados sólo por su belleza física y reclutados en discotecas y gimnasios, son utilizados como meros floreros para atraer los monederos del público femenino. El culto y la cosificación del cuerpo masculino, que viene siendo jaleada de manera inconsciente por los medios de comunicación, presiona a nuestros jóvenes varones y los condena a obsesionarse con patrones físicos idealizados que pueden conducirles a padecer graves trastornos relacionados con la autoestima.

Debí haber aprendido la lección cuando hace años me subí espontáneamente a la pasarela del certamen de Míster España. Ahí debí saber que nunca seré uno de los 101. Ahora sólo me queda criticarlos.