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Los otros > Jorge Bethencourt

   

El debate entre Rajoy y Rubalcaba se ha vendido (por medio millón de euros) como un encuentro entre candidatos a la presidencia, lo cual es falso. En España el presidente del Gobierno lo eligen los diputados electos. El debate vulnera el estatuto público de RTVE porque excluye a otras fuerzas políticas que tienen el mismo derecho a participar en una discusión de programa en la televisión pública. La pinza bipartidista, que anunció hace tantos años Manuel Fraga, ha terminado laminando a Izquierda Unida, UPyD y paridos nacionalistas, instaurando un monopolio mediático entre los dos peces más grandes del estanque. En segundo lugar, Rubalcaba se enfrentaba a una tarea imposible. Heredero de la bancarrota del período de Zapatero, con el peor saldo económico y social de nuestra reciente historia, asumía la esquizofrénica posición de presentar algo nuevo desde la descomposición orgánica de algo viejo. Tarea fácil para Rajoy que le destrozó metódicamente con la sencilla técnica de recordarle a dónde nos ha llevado la inepsia de un Gobierno que no supo ni entender la crisis, ni gestionarla, ni afrontarla eficazmente.

Los dos líderes aprovecharon la plataforma de su finca pública para hablar a sus respectivas parroquias. Lo hicieron razonablemente bien y sin insultos gratuitos. Y en términos generales, Rajoy desgranó la médula de la filosofía del PP para afrontar la crisis: que las administraciones públicas acaben con el secuestro del dinero disponible (que le están hurtando a ciudadanos y pymes) y permitan que fluya el crédito, que se reactive la economía y que se impulse el consumo. O lo que es lo mismo, austeridad y recortes. “No gastar lo que no tenemos”, en palabras del líder popular. Nada que no supiéramos. En el debate no sólo faltaban los líderes de otras fuerzas políticas. Se notaba la ausencia de Merkel y Sarkozy. Esos a quienes Rubalcaba quiere pedir un retraso de dos años en las políticas de ajuste. Porque el fondo de estas penurias que nos llueven en el invierno de nuestra esperanza es que de igual forma que el bipartidismo gobierna España, a Europa la controlan los dos grandes países que pagan. Los prestamistas que sueltan la pasta gansa, con intereses de demora, para que los que no hicieron la tarea de ahorrar puedan mantener la impostura de su prosperidad de cartón piedra. El próximo presidente será un cautivo de nuestras deudas. Un galeote en el barco de Europa cuyo timón llevan otros. Los fantasmas de la casa, los muertos, somos nosotros.

@JLBethencourt