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Los pacientes que no pueden esperar

   

INMA MARTOS | Santa Cruz de Tenerife

Al antecesor de María Luisa Mora en su cargo, se le hacía, como poco, extraño, que una mujer formara parte hace 30 años de un equipo de Medicina Intensiva, en concreto, el de la Unidad de Vigilancia (UVI) del Hospital Universitario de Canarias. Dieciséis años después, fue ella misma quien relevó al citado doctor como jefa del servicio. Como no podía ser de otra manera, los pacientes de esta unidad son los verdaderos protagonistas de la vida real a la que se enfrenta a diario la doctora Mora junto a su equipo.

En el espacio, alrededor de estos sanitarios y a merced de su profesionalidad y su conocimiento, pacientes de la UVI, todos ellos en situación de gravedad extrema, esperan lo más parecido que exista a un milagro para sanar. Pero no hay milagros, dice María Luisa, aunque la tecnología ha avanzado mucho en los últimos años, así como han disminuido los accidentes de tráfico, comenta María Luisa, que “son menos pero de mayor gravedad”. La tecnología nos ha dado la posibilidad de dar respuesta a situaciones a las que antes no podíamos, pero sobre todo, los recursos humanos: dos enfermeras por paciente y un auxiliar por cada cuatro.

La doctora María Luisa Mora supervisa a uno de los pacientes en estado crítico. / FRAN PALLERO

Similar a otros centros

El índice de mortalidad de la UVI del HUC es similar al de otros centros del país de estas características: un 16%. Se trata de “una cifra muy baja, teniendo en cuenta las condiciones en las que se deriva a los pacientes”, indica. Esto significa en positivo, que el 84% de las personas ingresadas de gravedad, sale adelante. Accidentes de circulación, traumatismos craneoencefálicos, dificultades respiratorias, cardiopatías graves, complicaciones tras un trasplante o lesiones pulmonares son algunos de los cuadros médicos que se atienden en la unidad y que necesitan de importantes equipos tecnológicos y una atención milimétrica por parte de especialistas, enfermeras y personal auxiliar clínico.

“Ni un minuto de espera”, afirma María Luisa, “todos lo tenemos muy claro aquí y, por eso, la gestión del tiempo se ha de llevar a cero y tenerlo todo organizado para la entrada del paciente a la unidad e, incluso, para su traslado a planta cuando está en condiciones óptimas”.

Situación

La ubicación de la UVI a solo dos minutos del servicio de Urgencias es una de las claves para que no se pierda el tiempo que, en los casos graves, no se tiene. Además, cobra importancia el contacto casi inmediato con los médicos del citado servicio. María Luisa tiene una mirada cálida pero firme, y ha de serlo porque es quien se pelea “con quien haga falta para que las cosas se hagan bien”.

Experiencia

La experiencia profesional, pero también la personal, le han enseñado a ver la medicina desde un punto de vista humano, hasta el punto que afirma que “si excluimos el factor humano, la atención sanitaria deja de serlo”. “Así de claro”, apostilla.

Observar el funcionamiento del servicio desde un punto de vista externo como el de los familiares, “me enseñó a comprender y a flexibilizar algunas normas que se llevan de forma tajante, como las dos horas estrictas de visita”. Sin dramatizar, la doctora sostiene que a un familiar que viene de El Tanque, por ejemplo, no puedes pedirle rigidez, porque es probable que ni siquiera haya guaguas que coincidan con las horas estipuladas. O bien, a una madre, sabiendo que puede ser el último día para su hijo. “Si tú y yo estuviéramos ingresadas aquí, no tendría nada que ver estar rodeadas de desconocidos que tener cerca a tus familiares, incluso para el ánimo de salir adelante”, comenta. Quizá por el componente emocional que acerca al personal de este servicio a cada paciente y su historia es por lo que los recuerdos de sus 30 años de profesión están ligados a la propia vivencia más que a la técnica que se utilizó para salvarles. “Un matrimonio que ha estado siempre unido, una chica joven que fallece por accidente…”, dice. “Yo he dado muchas noticias: malas, buenas y de todo. Las buenas noticias no hace falta afrontarlas, pero las malas, los imprevistos ante los que no da tiempo de preparar a las familias, nunca te acostumbras, porque sabemos que algunos golpes no se curan en la vida”. La especialidad de Medicina Intensiva trata todo lo que compete al enfermo en estado crítico. “¡Un médico, un médico!”, seguro que en alguna ocasión hemos escuchado esto en alguna parte porque hay alguien que necesita asistencia; pues en esos momentos, María Luisa Mora es la persona a quien todos querríamos tener al lado. Por eso, precisamente, escogió la especialidad, “para poder responder en cualquier circunstancia de la vida”. Alguna vez le ha tocado hacerlo tras una petición de ayuda.

El personal médico controla en todo momento a los enfermos. / FRAN PALLERO

Ahorrar con prevención

Ya desde hace años, según manifiesta María Luisa, venimos aleccionando al servicio para la optimización de los recursos, incluso mucho antes de la crisis. Ahorrar es difícil cuando se necesitan todos los recursos, lo que sí hay que intentar es que no se den circunstancias de gasto añadidas que, además, son también problemas añadidos para la salud de los pacientes, como que el mismo contraiga alguna infección en el propio hospital. “Tenemos que ahorrar con la prevención”.

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Pensado para ellos

A la hora de recorrer la planta de hospitalización de la UVI, María Luisa explica cómo una y otra vez hablaba con los responsables del proyecto arquitectónico que culminó con la inauguración de la nueva unidad en 2001. El conocimiento del funcionamiento del servicio hizo posible, por ejemplo, que la luz natural llegue a todas las habitaciones a través de un patio interior, cerrado, o que las habitaciones cuenten con conexión telefónica. “Si ingresamos a un turista que tiene a sus familiares en Alemania o en Inglaterra, que no es tan inusual, tiene que tener la posibilidad de comunicarse con sus familiares”.

Las habitaciones, además, tienen climatizadores independientes. La distribución de las habitaciones permite que casi desde todos los ángulos haya visión de la puerta, con el fin de que no se pierda de vista ningún punto en donde el personal sanitario pueda ser necesario. Las alarmas están instaladas de tal modo que no se interfieran las unas con las otras para no crear confusión. En la unidad existen 24 camas, por las que pasan al año unos 800 pacientes. Las habitaciones están dotadas de avanzado aparataje de monitorización y la posibilidad de consultar a través de un monitor las características del paciente, y se reduce en gran medida el margen de error.

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