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Los rostros del paro

   

Cinco mujeres en situación de desempleo, en las inmediaciones de DIARIO DE AVISOS. / FRAN PALLERO

DOMINGO NEGRÍN MORENO | Santa Cruz de Tenerife

Cinco aguerridas mujeres luchan contra el inmovilismo del paro. Buscan sitio en el mercado laboral a sabiendas de que el camino está salpicado de chinchetas.

Miriam, de 44 años, es la portavoz de la asociación Parados Unidos. En junio fue despedida con el Expediente de Regulación de Empleo (ERE) presentado por UGT-Canarias. Está divorciada y saca adelante a una hija menor. Sueña con una “ruptura absoluta del sistema que nos lleve a conseguir los objetivos de la clase parada”.

Conchi, de 59 años, es una desempleada de larga duración. Al cobrar la pensión de viudedad, no tiene derecho a percibir la Renta Activa de Inserción (RAI). En su última ocupación, hace cuatro años, cuidaba ancianos. “En el Inem ya me dijeron que estoy fuera del mercado de trabajo”, se lamenta. Su deseo inmediato es que les den la alternativa a “políticos de los nuestros, del pueblo”. A Rosi, de 56 años, se le acabó la prestación y le concedieron seis meses de subsidio. Divorciada, tuvo que dejar el trabajo en un centro de mayores para atender a un hijo con discapacidad que ahora está interno. “Como no tengo familia a cargo, me quitaron el subsidio y tampoco puedo entrar en la bolsa de empleo por la edad”, denuncia.

Le gustaría que los políticos se pusieran en la piel de los ciudadanos que lo pasan fatal. Ante las falsas promesas, espera “que se lo piensen antes de mentir”. A unos años de cumplir los sesenta, Carmen cobra una pensión de viudedad muy pequeña. Vive con su hija, su yerno -los dos, parados- y sus tres nietos.

“Lo políticos llevan años haciendo mucho por ellos y nada por los demás”, sentencia.

Inma, de 42 años, está en el paro desde hace dieciocho meses. Divorciada y madre de una niña de ocho años, se beneficia de de una paga de 426 euros. Es partidaria de que asuman la gestión “personas que realicen más políticas sociales y menos de intereses para los bolsillos particulares”. El desempleo es “una de las causas que generan un mayor caos social”, apunta.

“Ni siquiera los sindicatos se preocupan de los parados, porque dejan de pagar la cuota”, expone Miriam.

El drama se acentúa en la población femenina. Son una inmensa mayoría en el colectivo de desempleados y el peso de las cargas familiares cae sobre ellas como una fría losa.

Carmen introduce en la tertulia el problema de la vivienda: “Llevo muchísimos años solicitando una vivienda. Pago 500 euros de alquiler, que con el agua y la luz son 800. Hay cantidad de pisos cerrados. He tocado en montones de puertas y todas me las cierran. Estoy desesperada”.

Rosi da pie a Miriam para abominar de los cursos: “Me asombra la cantidad de material que se reparte”. Conchi testimonia que se gastó 300 y pico de euros en seis meses con bonos de la guagua y que solo le aportaron 170. Eso sí, no le faltan grapadoras, taladradoras, rotuladores, bolígrafos… “¿A dónde va ese dinero?”, se pregunta Miriam.

“En alguna ocasión te llaman para un curso contradictorio con tus conocimientos”, interviene Rosi. “Y no te toman en cuenta. Es como para distraerte”.

Inma opina que el sistema de los cursos del Servicio Canario de Empleo (SCE) está podrido: “He comprobado que muchas veces se pasa lista de asistencia y se firma sin haber asistido un mes completo”.

Miriam aprovecha para formular una crítica contundente a los agentes sociales. “Los sindicatos mayoritarios nos han echado la soga al cuello”, esgrime.

A partir de los 25 años, resume Inma, “las mujeres nos encontramos con serias trabas”. Las otras asienten mientras se levantan.