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opinión > por josé miguel pérez

Luz contra tinieblas en las elecciones > José Miguel Pérez García

   

Las elecciones que se celebrarán mañana darán paso a la décima Legislatura tras la recuperación de la democracia en España. En cada una de estas ocasiones, sea cual sea el resultado, siempre pienso en la etapa anterior. Aquellos años anteriores en los que no era posible decidir en libertad. Sé que hoy esto no es relevante para mucha gente. Acostumbrados a ir a las urnas para elegir representantes, aquel tiempo pasado parece ya muy remoto. Sin embargo, no dejo de sentir siempre lo mismo cuando llegan estas fechas. No creo que sea por nostalgia de la forma en que vivimos los de mi generación unos cambios tan importantes. Se trata de otra cosa, distinta al mero recuerdo sentimental y para nada parecida a la tabarra de quien cuenta batallas de abueletes. Consiste en la persistente idea de que la democracia no es asunto que se construya una vez y nos da para toda la vida. Muy al contrario es un ejercicio de creación y decisión que debe cuidarse en cada momento.

Por eso, lo que salga mañana de las urnas tendrá claras consecuencias en el curso de nuestras vidas. Se formará un Gobierno que habrá de afrontar un tiempo nada sencillo. Sea cual fuere el signo político de aquél, me gustaría que su trayectoria no se viese derrumbada por las tremendas dificultades que hoy atraviesan la mayoría de las sociedades europeas. Desear lo contrario sería terrible porque nos dominaría el egoísmo y la poco edificante actitud de quien posee escasa convicción democrática. Implicaría sufrimiento para mucha gente. Sería que prefiriésemos aquello de que “cuanto peor, mejor”. Cuanto peor le vaya a la gente, mejor para mis expectativas particulares. A gran parte de la derecha en nuestro país se le ha notado demasiado esa actitud. Y es que su convivencia con la democracia no les resulta siempre fácil. Admitir que el adversario político no es un enemigo, todavía sigue siendo una materia pendiente de interiorizar y anteponer el interés general al particular pocas veces lo han de mostrado. Sobre todo cuando les ha tocado estar en la oposición. Por todo ello sea cual fuere el resultado hay que desear acierto a todos los que escojamos para representarnos.

Desde luego no lo van a tener nada fácil. En los últimos años cae en picado el valor de la política y de los representantes públicos. Muchas voces y manifestaciones tratan de hacerlo cada vez más explícito y se extiende la opinión que les atribuye ser la causa de todos los males que nos aquejan. ¿Qué está sucediendo?. Creo que hay algo que sucedió en el siglo XX y que aún nos pasa que puede darnos alguna pista. Decía un buen historiador de esa centuria que en la segunda parte de la misma “las instituciones colectivas humanas perdieron el control sobre las consecuencias colectivas de la acción del ser humano”. Su acción sobre la naturaleza y el planeta está poniendo en serio riesgo la forma en que lo habita nuestra especie. También, la manera en que se ha organizado la acción económica ha generado estragos enormes en nuestros modos de vida y nos está empobreciendo después de haber pensado que sólo podía crecerse en riqueza. Efectivamente parece que se ha perdido el control de una economía que parece no obedecer ni a leyes, ni a gobiernos ni a la decisión mayoritaria de la ciudadanía.

Mañana tendremos que escoger como afrontamos esto. Hay quienes desde el planteamiento más conservador nos ofrecen unas soluciones que difícilmente pueden validarse con la experiencia de lo que ha sucedido. Sus recetas parten de una vieja idea según la cual, cada individuo podría perseguir la satisfacción de sus propios intereses como fin primordial porque, cualquiera que fuese el resultado de esa práctica, siempre sería el mejor de los resultados posibles. No parece que tal creencia se halla visto respaldada por lo acontecido en los últimos tiempos. El exclusivo interés de unos no trajo como resultado el beneficio de la mayoría sino más bien su claro perjuicio. En los Estados modernos, nuestra civilización ha hecho fuertes a las sociedades construyendo prácticas de equidad basadas principios que sostienen derechos a los que consideramos ahora básicos. Nuestros sistemas de protección social, de educación o de salud constituyen piezas principales para hacer posible el principio de igualdad ante la vida para cada ser humano. El derecho a decidirlo nos hace ciudadanos cada día.

Cuando ha concluido esta nueva campaña electoral, hemos vuelto a experimentar algo que también se vivió en alguna ocasión anterior. Hay quien decidió no contar, ni relatarnos lo que se propone hacer si logra mayoría para gobernar. Da la impresión que aspira a llegar allí por la inercia de ser mero recambio de quien se desgastó afrontando la crisis presente. Aunque tenga costes en réditos políticos, se construye mejor la democracia desde la sinceridad y con la valentía de decir la verdad. Hubo quien decidió hacerlo a sabiendas de que ese coste le desplomaría ante la opinión pública. Ha sido un Presidente a quien se valorará con mayor tino dentro de unos años. Hay quien se ha pasado la campaña explicando cómo se propone afrontar esta nueva etapa y hay quien no ha tenido el valor de hacerlo. Ahora toca decidir a la mayoría como afrontamos las respuestas a un tiempo en que todo parece ir a peor. Ojalá el resultado no nos lleve a las tinieblas.

José Miguel Pérez García es Secretario General del PSC-PSOE