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Menos da una piedra > Francisco Pomares

   

No sé si el presidente Rivero habrá comprado el piroclasto de Felipe y Letizia en eBay, a 400 euracos, o lo habrá pillado al despiste en una de sus giras en directo por la zona o se lo habrá pedido a un amiguete del Seprona. La cosa es que anda la prensa del mundo mundial y la de aquí conmocionada con el detalle del principesco presente en la feria de Londres, como si en vez de un pedazo de tormo les hubiera obsequiado a Felipe y señora con un diamante a lo bokassa.

La opinión se divide entre algunos alterados que creen que -con la que está cayendo en El Hierro- el regalito es de muy mal gusto, y quienes opinan que ha sido oportuno, inteligente y calculado eso de llevar un tonique de volcán a una feria en la que Canarias se vende -ahí queda eso- como tierra de volcanes. Por decir algo: acusar a Rivero de mal gusto precisamente por cuestión tan inocente como lo del piroclasto parece un exceso. Si se trataba de faltar al presidente para cumplir con la norma, mejor consultar la lista de motivos (yo mismo la paso en fotocopia o archivo digital). Pero no sé qué tiene que ver el desastre de organización en El Hierro con el pedrusco de la World Travel Market, ni el trasero de nadie con las témporas del volcán. Sólo digo que si yo fuera un príncipe o su doña, preferiría volverme de Londres con una curiosidad científica antes que con una pella de gofio en blister o un llavero del Loro Parque. Ahora habrá que coger el piedro y pasarlo por inventario: imagino al pobre fulano de Patrimonio del Estado que tenga que clasificar el regalo y colocarle el código de barras: “Piedra de origen desconocido sobre cuya composición no se ponen de acuerdo los científicos, procedente de algún lugar en el Atlántico frente al pago de La Restinga (municipio de El Pinar, Isla de El Hierro, Canarias). Valor estimado: de cero a 400 euros”.

Y otra cosa es que hará don Felipe con el tormo restingolítico en cuestión: a fin de cuentas es el último pedazo de soberanía, se merece un respetito. No sé que opinará Pepe Rodríguez del asunto, pero no me extrañaría mucho encontrarme mañana -o más bien pasado- con un editorial contra este presidente traidor a las esencias aborígenes que anda regalando trozos de patria sagrada al español invasor. Dicho lo cual, opino que el pingo mineral quedaría bastante bien en la mesilla de noche de la real pareja, entre el despertador y el Hola! O sobre la mesa del despacho, con una leyenda ad hoc escrita en dymo sobre la base de metacrilato: España crece, por ejemplo. Que no se diga que la crisis puede con todo.