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LA COLUMNA > Manuel Iglesias

Metidos en las incongruencias > Manuel Iglesias

   

Uno de los aspectos que ha ido protagonizando la actualidad informativa es el de las manifestaciones y protestas, tanto las organizadas por los sindicatos por sí o como correa de transmisión política, o por los colectivos afectados por diversas medidas o, simplemente, que desean manifestar su oposición a ciertas cosas, incluido el sistema.

Tras algunas de estas manifestaciones hay un elemento de rechazo a lo que algunos han denominado como la excesiva mercantilización de nuestra sociedad. Este sentimiento se alimenta también de casos en que las empresas abusan de los consumidores y el ciudadano se siente víctima de sus acciones sin encontrar amparo en la Administración, que debería ser la encargada de vigilar y enmendar al más fuerte ante la injusticia.

En gran parte vivimos todos, o casi todos, en la contradicción del modelo que ejecutamos para nosotros mismos y el que reclamamos para el resto de la sociedad. La gente quiere seguir consumiendo bienes o servicios de la sociedad del bienestar; pero a la hora de pagar la cuenta, preferiría no hacerlo, o que esta la abone otro, aunque no se sepa muy bien qué o quién, para lo cual “los ricos” es un término que ha venido muy bien como una salida a la incongruencia. Si se mira a las alternativas, la economía de mercado es la única que nos puede proporcionar los bienes que queremos, pero no nos gustan las normas de comportamiento que deberíamos desarrollar para ello, ni los riesgos que implica la libertad de tomar decisiones, tanto para recibir los beneficios, como para pagar si nos equivocamos. En Bolsa queremos acciones que siempre suban. Mientras es así, el sistema es bueno y hay que defenderlo; si toca el descenso, entonces el sistema es perverso y hay que acabar con el. Pero la cosa es que la Bolsa sube y baja y si no se quiere riesgo -pero tampoco beneficio- no se puede entrar en ella.

Hay muchos aspectos de nuestra sociedad que requieren cambios: más competencia que redunde en los consumidores, mejor información de lo que sucede y una Administración que recuerde que el objetivo de su defensa son los ciudadanos y que las leyes se hacen para eso, para protegerlos, no para crear con ellas barreras que les impidan el paso a sus derechos.

Estamos en un contraste entre una realidad difícil, necesitada de acciones con fundamento, y la realidad, por otra, de líderes políticos inconsistentes que en lugar de aportar soluciones se suman al coro de las protestas o ‘denuncian’ y magnifican sin fundamento nuevas situaciones simplemente porque buscan el aplauso fácil de la crítica y que esta no les afecte, puesto que ellos, dicen, también denuncian… mientras sea contra un adversario y no para los propios.

Se habla del fin de un modelo y de la aparición de otro. Es posible, pero nadie inventó este modelo; no es sino el reflejo de las acciones de los sujetos, con sus grandezas y sus miserias. De todos nosotros.