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Ministro > Alfonso González Jerez

   

Ahora es evidente el valor táctico de la decisión de José Manuel Soria de abandonar el Gobierno autonómico, donde fulgió como vicepresidente y consejero de Economía y Hacienda, hace poco más de un año: el PP canario se presenta a las elecciones generales, como hizo antes a las elecciones autonómicas, como si no hubiera pisado moqueta jamás.

Es necesario reconocer, sin embargo, que a Soria le ha ayudado mucho su antiguo y prolongado socio, Coalición Canaria, que hasta le lanzó besos volados cuando Soria optó por largarse, con los presupuestos autonómicos de 2011 sin aprobarse.

Todavía recientemente el presidente Paulino Rivero afirmaba que estaba “muy satisfecho” de la labor desarrollada por los cargos públicos del PP en su gabinete. Pues que bien. Por lo visto hay que estar agradecido a un consejero de Economía y Hacienda cuyas inepcias te llevan a cerrar los presupuestos en octubre para evitar la quiebra gubernamental, y que luego insinúa actitudes delictivas por parte del Gobierno, y que después juega a no apoyar parlamentariamente los presupuestos que su mismo equipo ha diseñado. Porque José Manuel Soria ha hecho todo eso y mucho más: su estilo nunca ha sido la política, sino la politiquería más desinhibida, y jamás ha presentado y argumentado un proyecto político para Canarias, salvo la aplicación de las medidas esbozadas a medias desde la calle Génova: menos impuestos para todos y a escupir a la calle.

Y nada más. Soria no fue ni un gran alcalde de Las Palmas, ni un eficaz presidente del Cabildo de Gran Canaria, ni un diputado particularmente activo, ni un consejero de Economía y Hacienda sólido y con inteligencia estratégica.

Soria es una fachada de metro ochenta y cinco al que le quedan bien los ternos y que no concibe el poder político como un mandato popular, sino como un espacio para atornillarse en él y repartir felicidad entre los suyos y estigmas entre los adversarios.

Que este señor llegue a ser ministro resulta importante para su partido, sus amigos y familiares, pero absolutamente irrelevante para Canarias.

Al fin y al cabo en todo esto es imposible detectar nada de interés para los ciudadanos y, más concretamente, para las decenas de miles de canarios en cuyas casas no entra un maldito euro.

Que en una circunstancia tan dramática como la actual el señor Soria se permita deslizar irresponsables imbecilidades, tales como que Canarias vive una situación similar a la de Grecia, o no nos cansemos de preguntarle si será ministro en el Gobierno de Mariano Rajoy retrata a este vacuo personaje tanto como a la calidad democrática misma de la campaña y el papel ensimismado y redundante de los medios de comunicación.