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Ni frío ni calor > Óliver Landi (Zonablanquiazul.com)

   

Me pedía un amigo al salir del estadio que fuera sangrante en mi comentario, luego de algunas horas creo que haré algo peor. Denotaré indiferencia.

Mañana de domingo, los ojos se abren a una hora de día laboral, me remuevo en la cama, recuerdo que hoy no se madruga, arreglo la almohada y, como diría mi esposa, hago pereza. Pasa el tiempo y mi cerebro empieza a despertar, empiezo a pensar con lucidez. Hoy hay partido.

Últimamente no recuerdo contra quien juega el CD Tenerife, quienes son los convocados y si será televisado. Me avergüenza decirlo, ya que son varios los años que formo parte del equipo de Zonablanquiazul, pero debo ser honesto, me cuesta horrores asumir lo que se está viviendo. No me importa la categoría, no es que haya dado de lado al equipo, para nada, es que simplemente sé de facto que se acerca la penitencia quincenal de ver a mi escudo siendo arrastrado por la incapacidad de los que lo regentan y de aquellos que me lo robaron (que son a fin de cuentas los mismos personajes). Hoy hay partido.

Me conecto a Internet y busco la hora del partido y si será televisado. Se juega a las 12 horas contra el Celta B y será televisado. ¿Voy? Honestamente no quiero, pero en mi negación más contundente me veo poniéndome los vaqueros, buscando la bufanda y con las llaves del coche en el bolsillo. Otra vez iré al estadio.

Veo el móvil, llamada entrante de mi hermano. ¿Nos vemos donde siempre? Qué remedio, respondo aburrido.

Me planto en el estadio, hablo con los amigos y conocidos que uno se cruza de camino a las gradas. Bromas sobre el suplicio, la penitencia, la fe ciega y la absolución de los pecados.

Dejo caer mi cuerpo en mi asiento, sale el equipo rival, algunos pitos. Sale el CD Tenerife, algunos aplausos, megafonía a tope.

Primer minuto, susto para el CD Tenerife. Ni me inmuto, abro el Twitter en mí móvil y empiezo a sondear al resto de sufridores que están en el estadio. Cada frase escrita en la red social de los 140 caracteres denota lo que he pasado a llamar la Temporada Hemorroides (por aquello de sufrirá en silencio). No hay ilusión, no hay ganas, hace frío y la eterna pregunta ¿qué hago yo aquí?

Gol del Tenerife. Me sorprendo no levantándome, no aplaudiendo, no disfrutando. Este equipo no me convence, no me gusta lo que veo y el gol, de bella factura no me hace olvidar el resto de minutos que veo mi escudo rozando el ridículo ante un rival netamente inferior.

Segundo gol del CD Tenerife. Alzo, sin levantarme de la silla, los brazos. Quizás por miedo al qué dirán. Sigo sin sentir el júbilo de antaño.

Arranca la segunda mitad, el Celta B empieza a darle un meneo espectacular al Tenerife, mi cara esboza una sonrisa sarcástica que ni ella misma se la cree. No lo estoy pasando bien. Peor me asusta comprobar que tampoco lo estoy pasando mal. Parece que me da igual y a todo aquel que miro con detenimiento le veo igual que yo, si acaso con la única diferencia de verle hacer algunos aspavientos y críticas puntuales que ni ellos mismos se creen. Este club ya no es nuestro.

Encajamos el primero, “se veía venir”, dice un vecino, “ahora a sufrir” comenta otro. Es a lo que venimos, pienso yo. Termina el encuentro con el susto metido en el cuerpo, sabemos que el Celta se va de vacío injustamente, vemos sumar tres injustos puntos a nuestro equipo.

Vuelvo camino al coche, la gente camina cabizbaja, los comentarios son derrotistas, críticas al entrenador, a los jugadores, al cielo y al infierno.

Subo al coche y escucho la rueda de prensa, mientras escucho barbaridades como “Kitoko ganó el partido” o “éste es el Tenerife que somos” un señor se me acerca y me pregunta por el resultado. Tardo unos segundos en buscar la respuesta hasta que digo, con cierta sorpresa “ganamos 2 a 1”.

Es increíble, ganamos y yo no siento ni frío ni calor.