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Oportunidades perdidas > Jorge Bethencourt

   

Dicen que en Canarias vivimos del turismo. Pero es cierto solo a medias. De lo que vivimos es de poner la mano. Aunque usted no se entere, grandes sectores de la economía de las Islas descubrieron hace tiempo la eficacia de ponerse a la salida de la iglesia de Madrid o Bruselas y extender el cazo. Así que nos hemos especializado en la explotación de una serie de minusvalías territoriales, como la lejanía y la insularidad.

Pero ahora soplan malos vientos para los menesterosos de la eurozona, porque las previsiones para el año 2012 nos sitúan en el escenario de una segunda recesión. Y aunque nos tranquilicen con promesas -¿recuerdan el Plan Canarias?- la cruda realidad es que ya no queda dinero en caja. Y que el poco que queda está comprometido en pagar los ingentes costos de la administración y los servicios públicos de lo que denominamos estado de bienestar.
En las Islas, nacionalistas y socialistas, que forman el gobierno, se adentran en un tenebroso discurso interno para absorber las dolorosas consecuencias de su derrota electoral. Va a ser una catarsis de impredecibles consecuencias. Pero aquí fuera, lejos de los partidos y sus preocupaciones intestinales, hay dos millones de personas metidas en un callejón sin salida. Porque la transferencia de riqueza hacia las Islas no se ha distribuido ni con eficacia ni con eficiencia. Porque nuestro mercado de trabajo está evastado. Porque probablemente nuestro modelo fiscal es fruto de un gigantesco error de decisión y nuestro modelo económico fue distorsionado por la intervención planificadora de pasados gobiernos. Porque encabezamos todas las listas de indicadores negativos; de exclusión social, de pobreza, de paro joven…

Hubo momentos en la historia de Canarias en que las burguesías y los poderes políticos aparcaron sus diferencias porque se enfrentaban a un problema de supervivencia. Pero hoy no solo está desfondada nuestra economía; también nuestra inteligencia. El horizonte político, empresarial, sindicial y social del Archipiélago es un desierto. Décadas de dependencia han cauterizado el talento y la capacidad de reinventar el futuro en una sociedad cataléptica, acomodada dulcemente a los meandros de su propia decadencia. Justo ahora, en estos momentos, deberíamos estar planificando las estrategias que nos permitan sobrevivir a los malos años que nos esperan. Pero en el Parlamento sólo se oye el crujir de los escaños de madera. Y en la calle solo se escucha lo que siempre se oye en las calles: sabias necedades. Nunca perderemos la oportunidad de perder una oportunidad.

@JLBethencourt