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Órdago > Alfonso González Jerez

   

Como actualmente la acuciosa estupidez de la izquierda solo es comparable como el insaciable cinismo de la derecha se puede disfrutar de una doble versión sobre el primer ministro griego, el señor Papandreu, y su anunciada decisión de convocar un referéndum para que sus conciudadanos voten sobre el segundo plan de rescate y sus monstruosas exigencias. Para la derecha (liberales, conservadores y ahora temblequeantes socialdemócratas) Papandreu es un canalla irresponsable; para los restos de la izquierda se ha transformado, repentinamente, en un héroe comparable a Aquiles, con una urna sustituyendo al casco. Lo único que está haciendo Papandreu, por supuesto, consiste en portarse como el político que es, o sea, plantar un órdago a los mandamases de la UE. O me sueltan el rescate enterito y dejan de amargarme la existencia o con la legitimidad de un referéndum colapso Europa. Puede que no llegue a hacerlo. Puede que el próximo viernes no sea primer ministro ya que ha presentado en el parlamento una moción de confianza que parece a punto de perder. Lo que realmente estomaga es la tenaz imbecilidad de los gobiernos europeos por permitir derivar esta situación hasta este punto de demencial inmolación política y financiera. La resistencia suicida en tomar decisiones y convertir al Banco Central Europeo en una auténtica autoridad monetaria con capacidad para emitir moneda, comprar bonos en el mercado primario y crear sus propios productos financieros. En esta clamorosa inoperancia -una orquesta de sordos dirigida por la señora Merkel con el talento musical de un panzer- no pintan demasiado, la verdad, esa alegoría de malvados capitalistas de chistera y levita del imaginario izquierdoide, sino el miedo político a la apertura de procesos difícilmente controlables, el cálculo de intereses y el pánico electoral.

¿Y qué decir de frases como “Grecia vuelve al ágora y nos escandalizamos”? Pues poca cosa. Que el ágora nunca fue democrática. Que el referéndum en Grecia no va a ahorrar ni un suspiro de un atroz sufrimiento social que se prolongará durante lustros, tanto si siguen dentro del euro como si recuperan el dracma: impagos, desintegración de la banca, aceleración de la huida de capitales, hundimiento del producto interior bruto, desaparición definitiva, por falta de fondos, de los sistemas públicos de educación, sanidad y pensiones. Las consultas democráticas no son varitas mágicas. La democracia es un método de gobierno y una aspiración ética, no una política económica ni un bálsamo que todo lo cura con solo pronunciar su dulce nombre.