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Parias y taifas > Enrique Areilza Molet

   

Casi el cien por cien de las veces que cojo un taxi entablo conversación con el taxista, siguiendo una misma pauta o guía. Pregunto, invariablemente, sobre cómo va el negocio, su evolución en el año y la comparación con años anteriores. Tras la primera aproximación, avanzo en el terreno de la productividad. En el caso de los taxistas, no se hacen tanto lío sobre cómo definirla, ni dificultades para medirla. Siempre me hablan de la productividad desde el sentido común. Su productividad es el resultado de dos variables: lo que se llevan a casa y el tiempo trabajado. Respecto a lo que se llevan a casa, consiste en la diferencia entre lo facturado menos sus gastos: el seguro de autónomos, impuestos, gasoil, seguro, emisora, cooperativa, crédito del coche (y aveces del traspaso de licencia) y el ahorro necesario para reparaciones. En cuanto al tiempo trabajado, no hay duda posible, las horas “echadas”.

De tan heterodoxo estudio, puedo concluir que en el sector la productividad se ha visto mermada a niveles del 60%. Este descenso es el resultado de una reducción de los ingresos brutos del orden del 30% y un incremento de las horas trabajadas de cerca del 40%. Tremendo, pero más aún. Dado que parte importante de los gastos son fijos, el efecto final sobre los ingresos netos (lo que me llevo a casa) es altísimo. Siendo la productividad, el cociente “lo que me llevo a casa” entre “tiempo en el taxi”. Si el colectivo no hubiese aumentado, de forma sustancial, sus horas de trabajo y mantuviese su nivel de esfuerzo anterior, los ingresos netos (lo que se llevan a casa) habrían descendido a niveles del 75% respecto a los años felices. Sin duda, algo inasumible para un cabeza de familia. Por ello han minimizado la reducción de productividad mediante ese aumento, más que considerable, de las horas trabajadas. Más horas, más ingreso. Aunque aumenta el divisor también lo hace el dividendo y éste en mayor medida por el efecto de los gastos fijos, de manera que la productividad aumenta. Este no es sólo el caso de los taxistas, vale para todos los profesionales autónomos. Más responsables que otros por devoción o por obligación, como ustedes quieran, pero ahí están las cifras, la dura realidad empírica. ¿Quieren nuestros políticos aumentar nuestra productividad desastrosa? ¿Quieren los sindicatos ayudar a ello? ¿O todos, cada uno en su sitio, defienden sus votos y seguimos mirando a otro lado, dejando que siga habiendo parias y reinos de taifas?

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